sábado, 14 de marzo de 2009

Conceptos para el Debate

Nota Introductoria.
En estas paginas exponemos algunos conceptos historicos para el debate con los alumnos, dentro del respeto mutuo y aceptación de credos diversos, no pretendemos imponer, sólo construir desde la historia el conocimiento de hechos históricos e ideologias que han marcado la vida del ser humano.
Mariam Hernández Fernandez
Capitalismo *
Características del capitalismo *
Orígenes *
Mercantilismo *
Inicios del capitalismo moderno *
La doctrina de Adam Smith *
La industrialización *
El capitalismo en el siglo XX *
Previsiones de futuro *
Liberalismo *
Humanismo *
El liberalismo moderno *
John Locke *
El utilitarismo *
El liberalismo en transición *
Economía *
Socialismo *
El socialismo científico *
Bolcheviques y socialdemócratas *
Socialismo y servicios públicos *
Las tesis revisionistas *
El Estado de bienestar *
Neoliberalismo *

Capitalismo
Sistema económico en el que los individuos privados y las empresas de negocios llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados. Aunque tiene sus orígenes en la antigüedad, el desarrollo del capitalismo es un fenómeno europeo; fue evolucionando en distintas etapas, hasta considerarse establecido en la segunda mitad del siglo XIX. Desde Europa, y en concreto desde Inglaterra, el sistema capitalista se fue extendiendo a todo el mundo, siendo el sistema socioeconómico casi exclusivo en el ámbito mundial hasta el estallido de la I Guerra Mundial, tras la cual se estableció un nuevo sistema socioeconómico, el comunismo, que se convirtió en el opuesto al capitalista.
El término kapitalism fue acuñado a mediados del siglo XIX por el economista alemán Karl Marx. Otras expresiones sinónimas de capitalismo son sistema de libre empresa y economía de mercado, que se utilizan para referirse a aquellos sistemas socioeconómicos no comunistas. Algunas veces se utiliza el término economía mixta para describir el sistema capitalista con intervención del sector público que predomina en casi todas las economías de los países industrializados.
Se puede decir que, de existir un fundador del sistema capitalista, éste es el filósofo escocés Adam Smith, que fue el primero en describir los principios económicos básicos que definen al capitalismo. En su obra clásica Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776), Smith intentó demostrar que era posible buscar la ganancia personal de forma que no sólo se pudiera alcanzar el objetivo individual sino también la mejora de la sociedad. Los intereses sociales radican en lograr el máximo nivel de producción de los bienes que la gente desea poseer. Con una frase que se ha hecho famosa, Smith decía que la combinación del interés personal, la propiedad y la competencia entre vendedores en el mercado llevaría a los productores, "gracias a una mano invisible", a alcanzar un objetivo que no habían buscado de manera consciente: el bienestar de la sociedad.

Características del capitalismo
A lo largo de su historia, pero sobre todo durante su auge en la segunda mitad del siglo XIX, el capitalismo tuvo una serie de características básicas. En primer lugar, los medios de producción —tierra y capital— son de propiedad privada. En este contexto el capital se refiere a los edificios, la maquinaria y otras herramientas utilizadas para producir bienes y servicios destinados al consumo. En segundo lugar, la actividad económica aparece organizada y coordinada por la interacción entre compradores y vendedores (o productores) que se produce en los mercados. En tercer lugar, tanto los propietarios de la tierra y el capital como los trabajadores, son libres y buscan maximizar su bienestar, por lo que intentan sacar el mayor partido posible de sus recursos y del trabajo que utilizan para producir; los consumidores pueden gastar como y cuando quieran sus ingresos para obtener la mayor satisfacción posible. Este principio, que se denomina soberanía del consumidor, refleja que, en un sistema capitalista, los productores se verán obligados, debido a la competencia, a utilizar sus recursos de forma que puedan satisfacer la demanda de los consumidores; el interés personal y la búsqueda de beneficios les lleva a seguir esta estrategia. En cuarto lugar, bajo el sistema capitalista el control del sector privado por parte del sector público debe ser mínimo; se considera que si existe competencia, la actividad económica se controlará a sí misma; la actividad del gobierno sólo es necesaria para gestionar la defensa nacional, hacer respetar la propiedad privada y garantizar el cumplimiento de los contratos. Esta visión decimonónica del papel del Estado en el sistema capitalista ha cambiado mucho durante el siglo XX.

Orígenes
Tanto los mercaderes como el comercio existen desde que existe la civilización, pero el capitalismo como sistema económico no apareció hasta el siglo XIII en Europa sustituyendo al feudalismo. Según Adam Smith, los seres humanos siempre han tenido una fuerte tendencia a "realizar trueques, cambios e intercambios de unas cosas por otras". Este impulso natural hacia el comercio y el intercambio fue acentuado y fomentado por las Cruzadas que se organizaron en Europa occidental desde el siglo XI hasta el siglo XIII. Las grandes travesías y expediciones de los siglos XV y XVI reforzaron estas tendencias y fomentaron el comercio, sobre todo tras el descubrimiento del Nuevo Mundo y la entrada en Europa de ingentes cantidades de metales preciosos provenientes de aquellas tierras. El orden económico resultante de estos acontecimientos fue un sistema en el que predominaba lo comercial o mercantil, es decir, cuyo objetivo principal consistía en intercambiar bienes y no en producirlos. La importancia de la producción no se hizo patente hasta la Revolución industrial que tuvo lugar en el siglo XIX.
Sin embargo, ya antes del inicio de la industrialización había aparecido una de las figuras más características del capitalismo, el empresario, que es, según Schumpeter, el individuo que asume riesgos económicos. Un elemento clave del capitalismo es la iniciación de una actividad con el fin de obtener beneficios en el futuro; puesto que éste es desconocido, tanto la posibilidad de obtener ganancias como el riesgo de incurrir en pérdidas son dos resultados posibles, por lo que el papel del empresario consiste en asumir el riesgo de tener pérdidas.
El camino hacia el capitalismo a partir del siglo XIII fue allanado gracias a la filosofía del renacimiento y de la Reforma. Estos movimientos cambiaron de forma drástica la sociedad, facilitando la aparición de los modernos Estados nacionales que proporcionaron las condiciones necesarias para el crecimiento y desarrollo del capitalismo. Este crecimiento fue posible gracias a la acumulación del excedente económico que generaba el empresario privado y a la reinversión de este excedente para generar mayor crecimiento.


Mercantilismo
Desde el siglo XV hasta el siglo XVIII, cuando aparecieron los modernos Estados nacionales, el capitalismo no sólo tenía una faceta comercial, sino que también dio lugar a una nueva forma de comerciar, denominada mercantilismo. Esta línea de pensamiento económico, este nuevo capitalismo, alcanzó su máximo desarrollo en Inglaterra y Francia.
El sistema mercantilista se basaba en la propiedad privada y en la utilización de los mercados como forma de organizar la actividad económica. A diferencia del capitalismo de Adam Smith, el objetivo fundamental del mercantilismo consistía en maximizar el interés del Estado soberano, y no el de los propietarios de los recursos económicos fortaleciendo así la estructura del naciente Estado nacional. Con este fin, el gobierno ejercía un control de la producción, del comercio y del consumo.
La principal característica del mercantilismo era la preocupación por acumular riqueza nacional, materializándose ésta en las reservas de oro y plata que tuviera un Estado. Dado que los países no tenían grandes reservas naturales de estos metales preciosos, la única forma de acumularlos era a través del comercio. Esto suponía favorecer una balanza comercial positiva o, lo que es lo mismo, que las exportaciones superaran en volumen y valor a las importaciones, ya que los pagos internacionales se realizaban con oro y plata. Los Estados mercantilistas intentaban mantener salarios bajos para desincentivar las importaciones, fomentar las exportaciones y aumentar la entrada de oro.
Más tarde, algunos teóricos de la economía como David Hume comprendieron que la riqueza de una nación no se asentaba en la cantidad de metales preciosos que tuviese almacenada, sino en su capacidad productiva. Se dieron cuenta que la entrada de oro y plata elevaría el nivel de actividad económica, lo que permitiría a los Estados aumentar su recaudación impositiva, pero también supondría un aumento del dinero en circulación, y por tanto mayor inflación, lo que reduciría su capacidad exportadora y haría más baratas las importaciones por lo que, al final del proceso, saldrían metales preciosos del país.
Sin embargo, pocos gobiernos mercantilistas comprendieron la importancia de este mecanismo.

Inicios del capitalismo moderno
Dos acontecimientos propiciaron la aparición del capitalismo moderno; los dos se produjeron durante la segunda mitad del siglo XVIII. El primero fue la aparición en Francia de los fisiócratas desde mediados de este siglo; el segundo fue la publicación de las ideas de Adam Smith sobre la teoría y práctica del mercantilismo.
Los fisiócratas
El término fisiocracia se aplica a una escuela de pensamiento económico que sugería que en economía existía un orden natural que no requiere la intervención del Estado para mejorar las condiciones de vida de las personas. La figura más destacada de la fisiocracia fue el economista francés François Quesnay, que definió los principios básicos de esta escuela de pensamiento en Le Tableau économique (1758), un diagrama en el que explicaba los flujos de dinero y de bienes que constituyen el núcleo básico de una economía. Simplificando, los fisiócratas pensaban que estos flujos eran circulares y se retroalimentaban. Sin embargo la idea más importante de los fisiócratas era su división de la sociedad en tres clases: una clase productiva formada por los agricultores, los pescadores y los mineros, que constituían el 50% de la población; la clase propietaria, o clase estéril, formada por los terratenientes, que representaban la cuarta parte, y los artesanos, que constituían el resto.
La importancia del Tableau de Quesnay radicaba en su idea de que sólo la clase agrícola era capaz de producir un excedente económico, o producto neto. El Estado podía utilizar este excedente para aumentar el flujo de bienes y de dinero o podía cobrar impuestos para financiar sus gastos. El resto de las actividades, como las manufacturas, eran consideradas estériles porque no creaban riqueza sino que sólo transformaban los productos de la clase productiva. (El confucionismo ortodoxo chino tenía principios parecidos a estas ideas). Este principio fisiocrático era contrario a las ideas mercantilistas. Si la industria no crea riqueza, es inútil que el Estado intente aumentar la riqueza de la sociedad dirigiendo y regulando la actividad económica.

La doctrina de Adam Smith
Las ideas de Adam Smith no sólo fueron un tratado sistemático de economía; fueron un ataque frontal a la doctrina mercantilista. Al igual que los fisiócratas, Smith intentaba demostrar la existencia de un orden económico natural, que funcionaría con más eficacia cuanto menos interviniese el Estado. Sin embargo, a diferencia de aquéllos, Smith no pensaba que la industria no fuera productiva, o que el sector agrícola era el único capaz de crear un excedente económico; por el contrario, consideraba que la división del trabajo y la ampliación de los mercados abrían posibilidades ilimitadas para que la sociedad aumentara su riqueza y su bienestar mediante la producción especializada y el comercio entre las naciones.
Así pues, tanto los fisiócratas como Smith ayudaron a extender las ideas de que los poderes económicos de los Estados debían ser reducidos y de que existía un orden natural aplicable a la economía. Sin embargo fue Smith más que los fisiócratas, quien abrió el camino de la industrialización y de la aparición del capitalismo moderno en el siglo XIX.

La industrialización
Las ideas de Smith y de los fisiócratas crearon la base ideológica e intelectual que favoreció el inicio de la Revolución industrial, término que sintetiza las transformaciones económicas y sociales que se produjeron durante el siglo XIX. Se considera que el origen de estos cambios se produjo a finales del siglo XVIII en Gran Bretaña.
La característica fundamental del proceso de industrialización fue la introducción de la mecánica y de las máquinas de vapor para reemplazar la tracción animal y humana en la producción de bienes y servicios; esta mecanización del proceso productivo supuso una serie de cambios fundamentales: el proceso de producción se fue especializando y concentrando en grandes centros denominados fábricas; los artesanos y las pequeñas tiendas del siglo XVIII no desaparecieron pero fueron relegados como actividades marginales; surgió una nueva clase trabajadora que no era propietaria de los medios de producción por lo que ofrecían trabajo a cambio de un salario monetario; la aplicación de máquinas de vapor al proceso productivo provocó un espectacular aumento de la producción con menos costes. La consecuencia última fue el aumento del nivel de vida en todos los países en los que se produjo este proceso a lo largo del siglo XIX.
El desarrollo del capitalismo industrial tuvo importantes costes sociales. Al principio, la industrialización se caracterizó por las inhumanas condiciones de trabajo de la clase trabajadora. La explotación infantil, las jornadas laborales de 16 y 18 horas, y la insalubridad y peligrosidad de las fábricas eran circunstancias comunes. Estas condiciones llevaron a que surgieran numerosos críticos del sistema que defendían distintos sistemas de propiedad comunitaria o socializado; son los llamados socialistas utópicos. Sin embargo, el primero en desarrollar una teoría coherente fue Karl Marx, que pasó la mayor parte de su vida en Inglaterra, país precursor del proceso de industrialización, y autor de Das Kapital (El capital, 3 volúmenes, 1867-1894). La obra de Marx, base intelectual de los sistemas comunistas que predominaron en la antigua Unión Soviética, atacaba el principio fundamental del capitalismo: la propiedad privada de los medios de producción. Marx pensaba que la tierra y el capital debían pertenecer a la comunidad y que los productos del sistema debían distribuirse en función de las distintas necesidades.
Con el capitalismo aparecieron los ciclos económicos: periodos de expansión y prosperidad seguidos de recesiones y depresiones económicas que se caracterizan por la discriminación de la actividad productiva y el aumento del desempleo. Los economistas clásicos que siguieron las ideas de Adam Smith no podían explicar estos altibajos de la actividad económica y consideraban que era el precio inevitable que había que pagar por el progreso que permitía el desarrollo capitalista. Las críticas marxistas y las frecuentes depresiones económicas que se sucedían en los principales países capitalistas ayudaron a la creación de movimientos sindicales que luchaban para lograr aumentos salariales, disminución de la jornada laboral y mejores condiciones laborales.
A finales del siglo XIX, sobre todo en Estados Unidos, empezaron a aparecer grandes corporaciones de responsabilidad limitada que tenían un enorme poder financiero. La tendencia hacia el control corporativo del proceso productivo llevó a la creación de acuerdos entre empresas, monopolios o trusts que permitían el control de toda una industria. Las restricciones al comercio que suponían estas asociaciones entre grandes corporaciones provocó la aparición, por primera vez en Estados Unidos, y más tarde en todos los demás países capitalistas, de una legislación antitrusts, que intentaba impedir la formación de trusts que formalizaran monopolios e impidieran la competencia en las industrias y en el comercio. Las leyes antitrusts no consiguieron restablecer la competencia perfecta caracterizada por muchos pequeños productores con la que soñaba Adam Smith, pero impidió la creación de grandes monopolios que limitaran el libre comercio.
A pesar de estas dificultades iniciales, el capitalismo siguió creciendo y prosperando casi sin restricciones a lo largo del siglo XIX. Logró hacerlo así porque demostró una enorme capacidad para crear riqueza y para mejorar el nivel de vida de casi toda la población. A finales del siglo XIX, el capitalismo era el principal sistema socioeconómico mundial.

El capitalismo en el siglo XX
Durante casi todo el siglo XX, el capitalismo ha tenido que hacer frente a numerosas guerras, revoluciones y depresiones económicas. La I Guerra Mundial provocó el estallido de la revolución en Rusia. La guerra también fomentó el nacionalsocialismo en Alemania, una perversa combinación de capitalismo y socialismo de Estado, reunidos en un régimen cuya violencia y ansias de expansión provocaron un segundo conflicto bélico a escala mundial. A finales de la II Guerra Mundial, los sistemas económicos comunistas se extendieron por China y por toda Europa oriental. Sin embargo, al finalizar la Guerra fría, a finales de la década de 1980, los países del bloque soviético empezaron a adoptar sistemas de libre mercado, aunque con resultados ambiguos. China es el único gran país que sigue teniendo un régimen marxista, aunque se empezaron a desarrollar medidas de liberalización y a abrir algunos mercados a la competencia exterior. Muchos países en vías de desarrollo, con tendencias marxistas cuando lograron su independencia, se tornan ahora hacia sistemas económicos más o menos capitalistas, en búsqueda de soluciones para sus problemas económicos.
En las democracias industrializadas de Europa y Estados Unidos, la mayor prueba que tuvo que superar el capitalismo se produjo a partir de la década de 1930. La Gran Depresión fue, sin duda, la más dura crisis a la que se enfrentó el capitalismo desde sus inicios en el siglo XVIII. Sin embargo, y a pesar de las predicciones de Marx, los países capitalistas no se vieron envueltos en grandes revoluciones. Por el contrario, al superar el desafío que representó esta crisis, el sistema capitalista mostró una enorme capacidad de adaptación y de supervivencia. No obstante, a partir de ella, los gobiernos democráticos empezaron a intervenir en sus economías para mitigar los inconvenientes y las injusticias que crea el capitalismo.
Así, en Estados Unidos el New Deal de Franklin D. Roosevelt reestructuró el sistema financiero para evitar que se repitiesen los movimientos especulativos que provocaron el crack de Wall Street en 1929. Se emprendieron acciones para fomentar la negociación colectiva y crear movimientos sociales de trabajadores que dificultaran la concentración del poder económico en unas pocas grandes corporaciones industriales. El desarrollo del Estado del bienestar se consiguió gracias al sistema de la Seguridad Social y a la creación del seguro de desempleo, que pretendían proteger a las personas de las ineficiencias económicas inherentes al sistema capitalista.
El acontecimiento más importante de la historia reciente del capitalismo fue la publicación de la obra de John Maynard Keynes, La teoría general del empleo, el interés y el dinero (1936). Al igual que las ideas de Adam Smith en el siglo XVIII, el pensamiento de Keynes modificó en lo más profundo las ideas capitalistas, creándose una nueva escuela de pensamiento económico denominada keynesianismo.
Keynes demostró que un gobierno puede utilizar su poder económico, su capacidad de gasto, sus impuestos y el control de la oferta monetaria para paliar, e incluso en ocasiones eliminar, el mayor inconveniente del capitalismo: los ciclos de expansión y depresión. Según Keynes, durante una depresión económica el gobierno debe aumentar el gasto público, aun a costa de incurrir en déficits presupuestarios, para compensar la caída del gasto privado. En una etapa de expansión económica, la reacción debe ser la contraria si la expansión está provocando movimientos especulativos e inflacionistas.

Previsiones de futuro
Durante los 25 años posteriores a la II Guerra Mundial, la combinación de las ideas keynesianas con el capitalismo generaron una enorme expansión económica. Todos los países capitalistas, también aquéllos que perdieron la guerra, lograron un crecimiento constante, con bajas tasas de inflación y crecientes niveles de vida. Sin embargo a principios de la década de 1960 la inflación y el desempleo empezaron a crecer en todas las economías capitalistas, en las que las fórmulas keynesianas habían dejado de funcionar. La menor oferta de energía y los crecientes costos de la misma (en especial del petróleo) fueron las principales causas de este cambio. Aparecieron nuevas demandas, como por ejemplo la exigencia de limitar la contaminación medioambiental, fomentar la igualdad de oportunidades y salarial para las mujeres y las minorías, y la exigencia de indemnizaciones por daños causados por productos en mal estado o por accidentes laborales. Al mismo tiempo el gasto en materia social de los gobiernos seguía creciendo, así como la mayor intervención de éstos en la economía.
Es necesario enmarcar esta situación en la perspectiva histórica del capitalismo, destacando su enorme versatilidad y flexibilidad. Los acontecimientos ocurridos en este siglo, sobre todo desde la Gran Depresión, muestran que el capitalismo de economía mixta o del Estado del bienestar ha logrado afianzarse en la economía, consiguiendo evitar que las grandes recesiones económicas puedan prolongarse y crear una crisis tan grave como la de la década de 1930. Esto ya es un gran logro y se ha podido alcanzar sin limitar las libertades personales ni las libertades políticas que caracterizan a una democracia.
La inflación de la década de 1970 se redujo a principios de la década de 1980, gracias a dos hechos importantes. En primer lugar, las políticas monetarias y fiscales restrictivas de 1981-1982 provocaron una fuerte recesión en Estados Unidos, Europa Occidental y el Sureste Asiático. El desempleo aumentó, pero la inflación se redujo. En segundo lugar, los precios de la energía cayeron al reducirse el consumo mundial de petróleo. Mediada la década, casi todos las economías occidentales se habían recuperado de la recesión. La reacción ante el keynesianismo se tradujo en un giro hacia políticas monetaristas con privatizaciones y otras medidas tendentes a reducir el tamaño del sector público.
Las crisis bursátiles de 1987 marcaron el principio de un periodo de inestabilidad financiera. El crecimiento económico se ralentizó y muchos países en los que la deuda pública, la de las empresas y la de los individuos habían alcanzado niveles sin precedente, entraron en una profunda crisis con grandes tasas de desempleo a principios de la década de 1990. La recuperación empezó a mitad de esta década, aunque los niveles de desempleo siguen siendo elevados, pero se mantiene una política de cautela a la vista de los excesos de la década anterior.
El principal objetivo de los países capitalistas consiste en garantizar un alto nivel de empleo al tiempo que se pretende mantener la estabilidad de los precios. Es, sin duda, un objetivo muy ambicioso pero, a la vista de la flexibilidad del sistema capitalista, no sólo resulta razonable sino, también, asequible.

Liberalismo
Doctrinario económico, político y hasta filosófico que aboga como premisa principal por el desarrollo de la libertad personal individual y, a partir de ésta, por el progreso de la sociedad. Hoy en día se considera que el objetivo político del neoliberalismo es la democracia, pero en el pasado muchos liberales consideraban este sistema de gobierno como algo poco saludable por alentar la participación de las masas en la vida política. A pesar de ello, el liberalismo acabó por confundirse con los movimientos que pretendían transformar el orden social existente mediante la profundización de la democracia. Debe distinguirse pues entre el liberalismo que propugna el cambio social de forma gradual y flexible, y el radicalismo, que considera el cambio social como algo fundamental que debe realizarse a través de distintos principios de autoridad.
El desarrollo del liberalismo en un país concreto, desde una perspectiva general, se halla condicionado por el tipo de gobierno con que cuente ese país. Por ejemplo, en los países en que los estamentos políticos y religiosos están disociados, el liberalismo implica, en síntesis, cambios políticos y económicos. En los países confesionales o en los que la Iglesia goza de gran influencia sobre el Estado, el liberalismo ha estado históricamente unido al anticlericalismo. En política interior, los liberales se oponen a las restricciones que impiden a los individuos ascender socialmente, a las limitaciones a la libertad de expresión o de opinión que establece la censura y a la autoridad del Estado ejercida con arbitrariedad e impunidad sobre el individuo. En política internacional los liberales se oponen al predominio de intereses militares en los asuntos exteriores, así como a la explotación colonial de los pueblos indígenas, por lo que han intentado implantar una política cosmopolita de cooperación internacional. En cuanto a la economía, los liberales han luchado contra los monopolios y las políticas de Estado que han intentado someter la economía a su control. Respecto a la religión, el liberalismo se ha opuesto tradicionalmente a la interferencia de la Iglesia en los asuntos públicos y a los intentos de grupos religiosos para influir sobre la opinión pública.
A veces se hace una distinción entre el llamado liberalismo negativo y el liberalismo positivo. Entre los siglos XVII y XIX, los liberales lucharon en primera línea contra la opresión, la injusticia y los abusos de poder, al tiempo que defendían la necesidad de que las personas ejercieran su libertad de forma práctica, concreta y material. Hacia mediados del siglo XIX, muchos liberales desarrollaron un programa más pragmático que abogaba por una actividad constructiva del Estado en el campo social, manteniendo la defensa de los intereses individuales. Los seguidores actuales del liberalismo más antiguo rechazan este cambio de actitud y acusan al liberalismo pragmático de autoritarismo camuflado. Los defensores de este tipo de liberalismo argumentan que la Iglesia y el Estado no son los únicos obstáculos en el camino hacia la libertad, y que la pobreza también puede limitar las opciones en la vida de una persona, por lo que aquélla debe ser controlada por la autoridad real.

Humanismo
Después de la edad media, el liberalismo se expresó quizá por primera vez en Europa bajo la forma del humanismo, que reorientaba el pensamiento del siglo XV para el que el mundo (y el orden social), emanaba de la voluntad divina. En su lugar, se tomaron en consideración las condiciones y potencialidad de los seres humanos. El humanismo se desarrolló aún más con la invención de la imprenta que incrementó el acceso de las personas al conocimiento de los clásicos griegos y romanos. La publicación de versiones en lenguas vernáculas de la Biblia favoreció la elección religiosa individual. Durante el renacimiento el humanismo se impregnó de los principios que regían las artes y la especulación filosófica y científica. Durante la Reforma protestante, en algunos países de Europa, el humanismo luchó con intensidad contra los abusos de la Iglesia oficial.
Según avanzaba el proceso de transformación social, los objetivos y preocupaciones del liberalismo evolucionaron. Pervivió, sin embargo, una filosofía social humanista que buscaba el desarrollo de las oportunidades de los seres humanos, y así también las alternativas sociales, políticas y económicas para la expresión personal a través de la eliminación de los obstáculos a la libertad individual.

El liberalismo moderno
En el siglo XVII, durante la Guerra Civil inglesa, algunos miembros del Parlamento empezaron a debatir ideas liberales como la ampliación del sufragio, el sistema legislativo, las responsabilidades del gobierno y la libertad de pensamiento y opinión. Las polémicas de la época engendraron uno de los clásicos de las doctrinas liberales: Areopagitica (1644), un tratado del poeta y prosista John Milton en el que éste defendía la libertad de pensamiento y de expresión. Uno de los mayores oponentes al pensamiento liberal, el filósofo Thomas Hobbes, contribuyó sin embargo al desarrollo del liberalismo a pesar de que apoyaba una intervención absoluta y sin restricciones del Estado en los asuntos de la vida pública. Hobbes pensaba que la verdadera prueba para los gobernantes debía ser por su efectividad y no por su apoyo doctrinal a la religión o a la tradición. Su pragmático punto de vista sobre el gobierno, que defendía la igualdad de los ciudadanos, allanó el camino hacia la crítica libre al poder y hacia el derecho a la revolución, conceptos que el propio Hobbes repudiaba con virulencia.

John Locke
Uno de los primeros y más influyentes pensadores liberales fue el filósofo inglés John Locke. En sus escritos políticos defendía la soberanía popular, el derecho a la rebelión contra la tiranía y la tolerancia hacia las minorías religiosas. Según el pensamiento de Locke y de sus seguidores, el Estado no existe para la salvación espiritual de los seres humanos sino para servir a los ciudadanos y garantizar sus vidas, su libertad y sus propiedades bajo una constitución.
Gran parte de las ideas de Locke se ven reflejadas en la obra del pensador político y escritor inglés Thomas Paine, según el cual la autoridad de una generación no puede transmitirse a sus herederos, que si bien el Estado puede ser necesario eso no lo hace menos malo, y que la única religión que se puede pedir a las personas libres es la creencia en un orden divino. Thomas Jefferson también se adhirió a las ideas de Locke en la Declaración de Independencia y en otros discursos en defensa de la revolución, en los que atacaba al gobierno paternalista y defendía la libre expresión de las ideas.
En Francia la filosofía de Locke fue rescatada y enriquecida por la Ilustración francesa y de forma más destacable por el escritor y filósofo Voltaire, el cual insistía en que el Estado era superior a la Iglesia y pedía la tolerancia para todas las religiones, la abolición de la censura, un castigo más humano hacia los criminales y una organización política sólida que se guiara sólo por leyes dirigidas contra las fuerzas opuestas al progreso social y a las libertades individuales. Para Voltaire, al igual que para el filósofo y dramaturgo francés Denis Diderot, el Estado es un mecanismo para la creación de felicidad y un instrumento activo diseñado para controlar a una nobleza y una Iglesia muy poderosas. Ambos consideraban ambas instituciones como las dedicadas con mayor intemperancia al mantenimiento de las antiguas formas de poder. En España y Latinoamérica, a comienzos del siglo XIX se generalizó entre los pensadores y políticos ilustrados una poderosa corriente de opinión liberal. La propia palabra ‘liberal’ aplicada a cuestiones políticas y de partido se utilizó por vez primera en las sesiones de las Cortes de Cádiz y sirvió para caracterizar a uno de los grupos allí presentes. Entre los primeros y más destacados pensadores y políticos liberales españoles se hallaban el jurista Agustín de Argüelles, el conde de Toreno y Álvaro Flórez Estrada, entre otros. En Latinoamérica, las nuevas ideas de los ilustrados de los siglos XVII y XIX ejercieron notable influencia y tanto los escritores franceses, como los ingleses y los padres de la independencia en Estados Unidos, además de los liberales españoles, fueron conocidos, estudiados y leídos con gran fruición, generando una profunda influencia en su proceso de emancipación e independencia respecto de España.

El utilitarismo
En Gran Bretaña el liberalismo fue elaborado por la escuela utilitarista, principalmente por el jurista Jeremy Bentham y por su discípulo, el economista John Stuart Mill. Los utilitaristas reducían todas las experiencias humanas a placer y dolor, y sostenían que la única función del Estado consistía en incrementar el bienestar y reducir el sufrimiento pues si bien las leyes son un mal, son necesarias para evitar males mayores. El liberalismo utilitarista tuvo un efecto benéfico en la reforma del código penal británico. Bentham demostró que el duro código del siglo XVIII era antieconómico y que la indulgencia no sólo era inteligente sino también digna. Mill defendió el derecho del individuo a actuar en plena libertad, aunque sea en su propio detrimento. Su obra Sobre la libertad (1859) es una de las reivindicaciones más elocuentes y ricas de la libertad de expresión.

El liberalismo en transición
A mediados del siglo XIX, el desarrollo del constitucionalismo, la extensión del sufragio, la tolerancia frente a actitudes políticas diferentes, la disminución de la arbitrariedad gubernativa y las políticas tendentes a promover la felicidad hicieron que el pensamiento liberal ganara poderosos defensores en todo el mundo. A pesar de su tendencia crítica hacia Estados Unidos, para muchos viajeros europeos era un modelo de liberalismo por el respeto a la pluralidad cultural, su énfasis en la igualdad de todos los ciudadanos y por su amplio sentido del sufragio. A pesar de todo, en ese momento el liberalismo llegó a una crisis respecto a la democracia y al desarrollo económico. Esta crisis sería importante para su posterior desarrollo. Por un lado, algunos demócratas como el escritor y filósofo francés Jean-Jacques Rousseau no eran liberales. Rousseau se oponía a la red de grupos privados voluntaristas que muchos liberales consideraban esenciales para el movimiento. Por otro lado, la mayor parte de los primeros liberales no eran demócratas. Ni Locke ni Voltaire creyeron en el sufragio universal y la mayor parte de los liberales del siglo XIX temían la participación de las masas en la política pues opinaban que las llamadas clases más desfavorecidas no estaban interesadas en los valores fundamentales del liberalismo, es decir que eran indiferentes a la libertad y hostiles a la expresión del pluralismo social. Muchos liberales se ocuparon de preservar los valores individuales que se identificaban con una ordenación política y social aristocrática. Su lugar como críticos de la sociedad y como reformadores pronto sería retomada por grupos más radicales como los socialistas.

Economía
La crisis respecto al poder económico era aún más profunda. Una parte de la filosofía liberal era el modo de entender la economía de los llamados economistas clásicos como los británicos Adam Smith y David Ricardo. En economía los liberales se oponían a las restricciones sobre el mercado y apoyaban la libertad de las empresas privadas. Pensadores como el estadista John Bright se opusieron a legislaciones que fijaban un máximo a las horas de trabajo basándose en que reducían la libertad y en que la sociedad, y sobre todo la economía, se desarrollaría más cuanto menos regulada estuviera. Al desarrollarse el capitalismo industrial durante el siglo XIX, el liberalismo económico siguió caracterizado por una actitud negativa hacia la autoridad estatal. Las clases trabajadoras consideraban que estas ideas protegían los intereses de los grupos económicos más poderosos, en especial de los fabricantes, y que favorecían una política de indiferencia e incluso de brutalidad hacia las clases trabajadoras. Estas clases, que habían empezado a tener conciencia política y un poder organizado, se orientaron hacia posturas políticas que se preocupaban más de sus necesidades, en especial, hacia los partidos socialistas.
El resultado de esta crisis en el pensamiento económico y social fue la aparición del liberalismo pragmático. Como se ha dicho, algunos liberales modernos, como el economista anglo-austriaco Friedrich August von Hayek, consideran la actitud de los liberales pragmáticos como una traición hacia los ideales liberales. Otros, como los filósofos británicos Thomas Hill Green y Bernard Bosanquet conocidos como los idealistas de Oxford, desarrollaron el llamado liberalismo orgánico, en el que defendían la intervención activa del estado como algo positivo para promover la realización individual, que se conseguiría evitando los monopolios económicos, acabando con la pobreza y protegiendo a las personas en la incapacidad por enfermedad, desempleo o vejez. También llegaron a identificar el liberalismo con la extensión de la democracia.
A pesar de la transformación en la filosofía liberal a partir de la segunda mitad del siglo XIX, todos los liberales modernos están de acuerdo en que su objetivo común es el aumento de las oportunidades de cada individuo para poder llegar a realizar todo su potencial humano.

Socialismo
Término que, desde principios del siglo XIX, designa aquellas teorías y acciones políticas que defienden un sistema económico y político basado en la socialización de los sistemas de producción y en el control estatal (parcial o completo) de los sectores económicos, lo que se oponía frontalmente a los principios del capitalismo. Aunque el objetivo final de los socialistas era establecer una sociedad comunista o sin clases, se han centrado cada vez más en reformas sociales realizadas en el seno del capitalismo. A medida que el movimiento evolucionó y creció, el concepto de socialismo fue adquiriendo diversos significados en función del lugar y la época donde arraigara.
Si bien sus inicios se remontan a la época de la Revolución Francesa y los discursos de François Nöel Babeuf, el término comenzó a ser utilizado de forma habitual en la primera mitad del siglo XIX por los intelectuales radicales, que se consideraban los verdaderos herederos de la Ilustración tras comprobar los efectos sociales que trajo consigo la Revolución Industrial. Entre sus primeros teóricos se encontraban el aristócrata francés conde de Saint-Simon, Charles Fourier y el empresario británico y doctrinario utópico Robert Owen. Como otros pensadores, se oponían al capitalismo por razones éticas y prácticas. Según ellos, el capitalismo constituía una injusticia: explotaba a los trabajadores, los degradaba, transformándolos en máquinas o bestias, y permitía a los ricos incrementar sus rentas y fortunas aún más mientras los trabajadores se hundían en la miseria. Mantenían también que el capitalismo era un sistema ineficaz e irracional para desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad, que atravesaba crisis cíclicas causadas por periodos de superproducción o escasez de consumo, no proporcionaba trabajo a toda la población (con lo que permitía que los recursos humanos no fueran aprovechados o quedaran infrautilizados) y generaba lujos, en vez de satisfacer necesidades. El socialismo suponía una reacción al extremado valor que el liberalismo concedía a los logros individuales y a los derechos privados, a expensas del bienestar colectivo.
Sin embargo, era también un descendiente directo de los ideales del liberalismo político y económico. Los socialistas compartían con los liberales el compromiso con la idea de progreso y la abolición de los privilegios aristocráticos aunque, a diferencia de ellos, denunciaban al liberalismo por considerarlo una fachada tras la que la avaricia capitalista podía florecer sin obstáculos.


El socialismo científico
Gracias a Karl Marx y a Friedrich Engels, el socialismo adquirió un soporte teórico y práctico a partir de una concepción materialista de la historia. El marxismo sostenía que el capitalismo era el resultado de un proceso histórico caracterizado por un conflicto continuo entre clases sociales opuestas. Al crear una gran clase de trabajadores sin propiedades, el proletariado, el capitalismo estaba sembrando las semillas de su propia muerte, y, con el tiempo, acabaría siendo sustituido por una sociedad comunista.
En 1864 se fundó en Londres la Primera Internacional, asociación que pretendía establecer la unión de todos los obreros del mundo y se fijaba como último fin la conquista del poder político por el proletariado. Sin embargo, las diferencias surgidas entre Marx y Bakunin (defensor del anarquismo y contrario a la centralización jerárquica que Marx propugnaba) provocaron su ruptura. Las teorías marxistas fueron adoptadas por mayoría; así, a finales del siglo XIX, el marxismo se había convertido en la ideología de casi todos los partidos que defendían la emancipación de la clase trabajadora, con la única excepción del movimiento laborista de los países anglosajones, donde nunca logró establecerse, y de diversas organizaciones anarquistas que arraigaron en España e Italia, desde donde se extendieron, a través de sus emigrantes principalmente, hacia Sudamérica. También aparecieron partidos socialistas que fueron ampliando su capa social (en 1879 fue fundado el Partido Socialista Obrero Español). La transformación que experimentó el socialismo al pasar de una doctrina compartida por un reducido número de intelectuales y activistas, a la ideología de los partidos de masas de las clases trabajadoras coincidió con la industrialización europea y la formación de un gran proletariado.
Los socialistas o socialdemócratas (por aquel entonces, los dos términos eran sinónimos) eran miembros de partidos centralizados o de base nacional organizados de forma precaria bajo el estandarte de la Segunda Internacional Socialista que defendían una forma de marxismo popularizada por Engels, August Bebel y Karl Kautsky. De acuerdo con Marx, los socialistas sostenían que las relaciones capitalistas irían eliminando a los pequeños productores hasta que sólo quedasen dos clases antagónicas enfrentadas, los capitalistas y los obreros. Con el tiempo, una grave crisis económica dejaría paso al socialismo y a la propiedad colectiva de los medios de producción. Mientras tanto, los partidos socialistas, aliados con los sindicatos, lucharían por conseguir un programa mínimo de reivindicaciones laborales. Esto quedó plasmado en el manifiesto de la Segunda Internacional Socialista y en el programa del más importante partido socialista de la época, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD, fundado en 1875). Dicho programa, aprobado en Erfurt en 1890 y redactado por Karl Kautsky y Eduard Bernstein, proporcionaba un resumen de las teorías marxistas de cambio histórico y explotación económica, indicaba el objetivo final (el comunismo), y establecía una lista de exigencias mínimas que podrían aplicarse dentro del sistema capitalista. Estas exigencias incluían importantes reformas políticas, como el sufragio universal y la igualdad de derechos de la mujer, un sistema de protección social (seguridad social, pensiones y asistencia médica universal), la regulación del mercado de trabajo con el fin de introducir la jornada de ocho horas reclamada de forma tradicional por anarquistas y sindicalistas y la plena legalización y reconocimiento de las asociaciones y sindicatos de trabajadores.
Los socialistas creían que todas sus demandas podían realizarse en los países democráticos de forma pacífica, que la violencia revolucionaria podía quizás ser necesaria cuando prevaleciese el despotismo (como en el caso de Rusia) y descartaban su participación en los gobiernos burgueses. La mayoría pensaba que su misión era ir fortaleciendo el movimiento hasta que el futuro derrumbamiento del capitalismo permitiera el establecimiento del socialismo. Algunos —como por ejemplo Rosa Luxemburg— impacientes por esta actitud contemporizadora, abogaron por el recurso de la huelga general de las masas como arma revolucionaria si la situación así lo requería.
El SPD proporcionó a los demás partidos socialistas el principal modelo organizativo e ideológico, aunque su influencia fue menor en la Europa meridional. En Gran Bretaña los poderosos sindicatos intentaron que los liberales asumieran sus demandas antes que formar un partido obrero independiente. Hubo, pues, que esperar hasta 1900 para que se creara el Partido Laborista, que no adoptó un programa socialista dirigido hacia la propiedad colectiva hasta 1918.

Bolcheviques y socialdemócratas
La I Guerra Mundial y la Revolución Rusa provocaron la ruptura de la Segunda Internacional entre los partidarios del bolchevismo de Lenin y los socialdemócratas reformistas, que habían respaldado en su mayoría a los gobiernos nacionales durante la guerra a pesar de las proclamaciones pacifistas de la Internacional. Los primeros fueron conocidos como comunistas y los segundos siguieron siendo, durante todo el periodo de entreguerras, la corriente dominante del movimiento socialista europeo, contando con el apoyo del electorado en general bajo una serie de nombres: Partido Laborista en Gran Bretaña, Países Bajos y Noruega, Partido Socialdemócrata en Suecia y Alemania, Partido Socialista en Francia e Italia, Partido Socialista Obrero en España, y Partido Obrero en Bélgica. En estos años, en el seno de estos partidos socialistas se produjo la escisión de grupos proclives al comunismo leninista, apareciendo así los partidos comunistas en diferentes países como Francia, Italia o España (el Partido Comunista de España fue fundado en 1921). En la Unión Soviética y, más tarde, en los países comunistas surgidos después de 1945, el término socialista hacía referencia a una fase de transición entre el capitalismo y el comunismo, la etapa correspondiente a la dictadura del proletariado marxista. En los demás países, los socialistas aceptaron todas las normas básicas de la democracia liberal: elecciones libres, derechos fundamentales y libertades públicas, pluralismo político y soberanía del Parlamento. La rivalidad existente entre socialistas y comunistas sólo se interrumpió de forma transitoria como ocurrió a mediados de la década de 1930, para unir sus fuerzas contra el fascismo en la política denominada de ‘Frente Popular’.
Los socialistas pudieron formar gobiernos durante el periodo de entreguerras, por lo general en coalición o apoyados por otros partidos. De este modo pudieron permanecer en el poder, aunque de forma intermitente, en Gran Bretaña y Alemania durante la década de 1920 y en Bélgica, Francia y España durante la década de 1930 (en estos dos últimos países bajo la fórmula de Frente Popular). En Suecia, donde los socialdemócratas han tenido más éxito que en ninguna otra parte, gobernaron sin interrupción desde 1932 hasta 1976.
Después de 1945, los partidos socialistas se convirtieron, en la mayor parte de Europa occidental, en la principal alternativa frente a los partidos conservadores y democristianos, siendo Suiza y la República de Irlanda las principales excepciones. Aun manteniendo su antiguo compromiso con el socialismo como ‘estado final’, es decir, una sociedad en la que se anularan las diferencias sociales, desarrollaron un concepto de socialismo ‘como proceso’ —propuesta que había sido anticipada por el revisionista alemán Eduard Bernstein a finales del siglo XIX.
En la práctica, esto significaba que, mientras sus seguidores más comprometidos se aferraban a la idea de un objetivo final, los partidos socialistas, por esta época a menudo en el poder, se concentraban en reformas socioeconómicas factibles dentro del sistema capitalista. Aunque variaban según los países, las reformas socialistas incluían, en primer lugar, la introducción de un sistema de protección social (conocido como Estado de bienestar) que, en la formulación tomada del reformista liberal británico William Beveridge, protegiera a todos los ciudadanos "desde la cuna hasta la tumba", y en segundo lugar, la consecución del pleno empleo mediante técnicas de gestión macroeconómica desarrolladas por otro liberal, John Maynard Keynes.
En Gran Bretaña estas reformas fueron llevadas a cabo por los primeros gobiernos laboristas de la posguerra. En el resto de Europa los socialistas alcanzaron algunos de sus objetivos, ya fuera en el seno de una coalición gubernamental con otros partidos (como fue el caso de Bélgica y Países Bajos, y, en la década de 1970 en Alemania) o ejerciendo una presión efectiva sobre los gobiernos no socialistas.

Socialismo y servicios públicos
Fue sobre todo después de 1945 cuando se relacionó el socialismo con la gestión de la economía por parte del Estado y con la expansión del sector público a través de las nacionalizaciones. Aunque los activistas socialistas concebían la propiedad estatal como un primer paso hacia la abolición del capitalismo, las nacionalizaciones tenían por lo general objetivos más prácticos, como rescatar empresas capitalistas débiles o ineficaces, proteger el empleo, mejorar las condiciones de trabajo o controlar las empresas de servicio público. A pesar de que las nacionalizaciones han sido relacionadas a menudo con los partidos socialistas fueron con frecuencia los gobiernos de partidos no socialistas los que recurrían a ellas, como ocurrió en Francia (1945-1947), Austria (1945-1947) e Italia (1945-1947 y en la década de 1960). Por el contrario, un partido socialista triunfante como el Partido Socialdemócrata Sueco, en el poder desde 1932 hasta 1976, entre 1982 y 1991 y de nuevo desde 1994, no recurrió a la propiedad estatal y optó en cambio por controlar el mercado del trabajo y mantener el pleno empleo, a la vez que creaba un sistema de ‘salarios justos’ conocido con el nombre de ‘política solidaria de salarios’. Los socialdemócratas alemanes, que formaron varios gobiernos de coalición entre 1966 y 1982, se centraron en el desarrollo económico y experimentaron con formas de democracia industrial.
En el aspecto internacional, la mayoría de los partidos socialistas se alinearon junto a Occidente durante la Guerra fría, aunque importantes minorías dentro de cada partido intentaran hallar una vía intermedia entre la democracia capitalista y el comunismo soviético, denunciaron la política exterior estadounidense y expresaron su solidaridad con los países en vías de desarrollo.
En lo sustancial, el socialismo ha seguido estando limitado a Europa occidental o a países cuya población es o ha sido de origen europeo, como Australia, Nueva Zelanda, Israel o varios países latinoamericanos. La principal excepción la constituyen los Estados Unidos, donde nunca ha existido un partido socialista importante, algo que ha dejado a menudo perplejos a los teóricos socialistas, que se equivocaron al creer que la industrialización conlleva siempre el advenimiento del socialismo. En el resto del mundo se consideró al socialismo como una variante del comunismo, de ahí las frecuentes referencias que se hacen al socialismo africano y al socialismo árabe. En Latinoamérica existen partidos socialistas importantes en Chile, Ecuador, Venezuela y Uruguay; en otros países forman frentes políticos con otras organizaciones. El partido socialista más antiguo de Latinoamérica es el argentino, fundado en 1896 por socialistas alemanes e italianos. En Brasil el Partido Socialista se fundó en 1916. En Chile los movimientos socialistas se transformaron en partido político en 1915. El primer diputado socialista del Uruguay fue elegido en 1911. En Puerto Rico, Santiago Iglesias, hermano de Pablo Iglesias, dirigente socialista español, fue elegido diputado en 1917. En Cuba, el Partido Socialista fue fundado en 1910. En México muchos socialistas están incluidos en el oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI), así como en partidos de la oposición de izquierdas. En general, y bajo la denominación socialista, obrerista, trabalhista (Brasil), los movimientos socialistas tienen gran importancia en toda la América de habla hispana. En Asia, más que una doctrina de claro cuño anticapitalista, el socialismo era sólo una ideología que defendía la modernización por parte del Estado, liberado de cualquier presión colonial o imperialista. Aunque sólo en contadas ocasiones desembocaron en la formación de partidos independientes basados en el modelo occidental europeo, las ideas socialistas tuvieron una gran influencia en los movimientos independentistas anticoloniales, en especial sobre el Congreso Nacional Indio de la India, el Congreso Nacional Africano de Suráfrica y sobre algunos regímenes poscoloniales, como fue el caso de Zambia, Tanzania y Zimbabwe.

Las tesis revisionistas
Hacia el final de la década de 1950, los partidos socialistas de Europa occidental empezaron a descartar el marxismo, aceptaron la economía mixta, relajaron sus vínculos con los sindicatos y abandonaron la idea de un sector nacionalizado en continua expansión. El notable desarrollo económico desde postulados capitalistas durante las décadas de 1950 y 1960 puso fin a la creencia que mantenía que la clase trabajadora sería cada vez más pobre o que la economía sufriría un colapso que favorecería la revolución social. Ya que un sector considerable de la clase trabajadora seguía votando a partidos de centro y de derecha, los partidos socialistas intentaron de forma paulatina captar votantes entre la clase media y abandonaron los símbolos y la retórica del pasado. Este revisionismo de finales de la década de 1950 proclamaba que los nuevos objetivos del socialismo eran ante todo la redistribución de la riqueza de acuerdo con los principios de igualdad y justicia social. Los socialdemócratas alemanes dejaron constancia de estos principios en el Congreso de Bad Godesberg de 1959, principios que habían sido popularizados en Gran Bretaña por Anthony Crosland (El futuro del socialismo, 1956). Los socialdemócratas creían que un crecimiento económico continuado serviría de apoyo a un floreciente sector público, aseguraría el pleno empleo y financiaría un incipiente Estado de bienestar. Estos supuestos eran a menudo compartidos por los partidos conservadores o democristianos y se ajustaban de una forma tan estrecha al desarrollo real de las sociedades europeas que el periodo comprendido entre 1945 y 1973 ha recibido a veces el nombre de ‘era del consenso socialdemócrata’. Coincidía, de modo ostensible, con la edad de oro del fordismo, supuesta modalidad pura del capitalismo.
El fuerte incremento sufrido por los precios del petróleo en 1973 fue el desencadenante de la crisis económica que puso fin a esta hipotética edad de oro. Durante el final de la década de 1970 se pensó que, en general, para restaurar el crecimiento económico, patronos y gobiernos tendrían que alcanzar algún tipo de entendimiento con los sindicatos. En estas circunstancias, los partidos socialistas obtuvieron el poder en Portugal, España, Grecia y Francia, países en los que nunca o rara vez habían gobernado, y que en los tres primeros casos se produjeron después del fin de sistemas dictatoriales.
El creciente desempleo, sin embargo, debilitó a los sindicatos y, al hacer aumentar la pobreza y los problemas con ella asociados, hizo que la protección social del sistema del bienestar fuera mucho más costosa de lo que lo había sido en los días del pleno empleo. Mantener los niveles de bienestar con una tasa elevada de desempleo exigía un alto nivel de impuestos, medida que no gozó del favor de los ciudadanos. Los partidos conservadores se distanciaron del consenso político, aduciendo que era necesario "hacer retroceder al Estado", reducir el gasto público y privatizar las compañías estatales. Acusados de estatistas, burocráticos y derrochadores, los socialistas fueron poniéndose cada vez más a la defensiva. Hacia 1980 el proletariado industrial se había convertido en minoritario en toda Europa, y las nuevas tecnologías agravaban la división existente en sus filas. Los incrementos de la productividad ya no suponían la creación de nuevos empleos. Por el contrario, estas nuevas tecnologías hacían posible un mayor volumen de producción en detrimento del empleo, mientras que los sectores en proceso de expansión eran incapaces de absorber a los trabajadores despedidos por culpa de las reconversiones industriales. La prosperidad de la que gozaban los trabajadores cualificados en las empresas de éxito contrastaba con el número creciente de trabajadores temporales y no cualificados, muchos de los cuales eran inmigrantes o mujeres, empleados a tiempo parcial. Considerar, pues, a la clase obrera como una clase universal que prefiguraba un futuro poscapitalista parecía algo cada vez más anacrónico. La creciente interdependencia económica que se extendió con gran rapidez durante las décadas de 1970 y 1980 suponía que las políticas macroeconómicas tradicionales del keynesianismo ya no eran efectivas y que la reflación interna (en cuanto política que activa instrumentos monetarios y fiscales destinados a frenar el desempleo) originaba problemas con la balanza de pagos, así como medidas inflacionarias, tal y como descubrieron, a sus expensas, los gobiernos socialistas británico y francés en las décadas de 1970 y 1980.
Aunque supuso la transformación de muchos de los antiguos partidos comunistas en partidos socialistas, el derrumbamiento del comunismo en la Unión Soviética y en la Europa central y oriental no constituyó un consuelo para la izquierda europea occidental. La crisis de las economías planificadas comunistas fue interpretada en términos generales como una prueba más de que las decisiones espontáneas de millones de consumidores individuales, gracias a los mecanismos del libre mercado, distribuían mejor los recursos de lo que pudiera hacerlo cualquier forma de mediación estatal. Las ideologías neoliberales ganaban, en consecuencia, terreno en multitud de países.

El Estado de bienestar
Según se acercaba a su fin el siglo, el socialismo —tal y como se hallaba representado por los partidos socialistas— no sólo había perdido su perspectiva anticapitalista original sino que también empezaba a aceptar, aunque con dolor por su parte, que el capitalismo no podía ser controlado de un modo suficiente, y mucho menos abolido.
Debido a su inmovilidad actual, definir el concepto de socialismo al final del siglo XX presenta numerosos problemas. La mayoría de los partidos socialistas ha llevado a cabo un proceso de renovación programática cuyos contornos no son aún muy claros. Es posible, sin embargo, catalogar algunas de las características definitorias del socialismo europeo según se prepara para hacer cara a los retos del próximo milenio: 1) reconocer que la regulación estatal de las actividades capitalistas debe ir pareja al desarrollo correspondiente de las formas de regulación supranacionales (la Unión Europea, que contó en un principio con la oposición mayoritaria de los socialistas, es considerada como terreno controlador de las nuevas economías interdependientes); 2) crear un ‘espacio social’ europeo que sirva de precursor a un Estado de bienestar europeo armonizado; 3) reforzar el poder del consumidor y del ciudadano para compensar el poder de las grandes empresas y del sector público; 4) mejorar el puesto de la mujer en la sociedad para superar la imagen y prácticas del socialismo tradicional, en exceso centradas en el hombre, y enriquecer su antiguo compromiso a favor de la igualdad entre los sexos; 5) descubrir una estrategia destinada a asegurar el crecimiento económico y a aumentar el empleo sin dañar el medio ambiente; y 6) organizar un orden mundial orientado a reducir el desequilibrio existente entre las naciones capitalistas desarrolladas y los países en vías de desarrollo.
Esta relación no pretende en absoluto ser exhaustiva. Sin embargo, subraya algunos elementos de continuidad con el socialismo tradicional: una visión pesimista de lo que la economía podría lograr si se le permitiera seguir creciendo sin restricciones, y el optimismo en lo que se refiere a la posibilidad de que una sociedad organizada en el orden político pudiera progresar de forma consciente hacia un estado de cosas que podría aliviar el sufrimiento humano.

Neoliberalismo
En general, en la actualidad no se habla de neoliberalismo, ya que los descendientes ideológicos de Adam Smith han vuelto a adoptar la denominación de libérales, sin aditamentos. Este ultimo termino había caído en un progresivo desprestigio entré economistas políticos, escritores y en medios influyentes de la opinión pública, debido a la creciente ineficacia que fue demostrando el sistema del laissez faire, desde fines del Siglo XIX hasta su gran derrumbe, como consecuencia de la Gran Depresión de los años '30. La realidad económica de la época con la aparición de grandes monopolio y trusts que dominaban la oferta, hizo comprender a la mayoría de los economistas que el modelo competencia era sólo una hipótesis de escuela. Habían comenzado a dejar de identificar competencia con laissez faire.
En los EE.UU., la iniciación del institucionalizmo, en los primeros años de la década de 1920 influyo y atrajo a numerosos economistas adscriptos al marginalismo que fueron descartando paulatinamente sus viejos dogmas. En Inglaterra, la publicación en The Eçonomic Journal, en 1926, de un influyente artículo del economista dé la Universidad de Sambridge, de origen Italiano, Pieró Sraffa, quien afirmaba que la realidad de los mercados de ese momento, distaba mucho de ser de competencia perfecta y que había que distinguir, en el plano práctico, muchas formas de mercado, marca el inicio de una revisión profunda de la teoría predominante hasta el momento. Al artículo de este economista, le siguieron los libro, publicados por Joan Robinson y Edoard Chamberlin, quienes calificaron a la realidad de los mercados de competencia imperfecta y de competencia monopolística respectivamente. En la misma época, el pensamiento el pensamiento de John M. Keynes, antes y después de la publicación de su Teoría General... se había divulgado por los principales países del mundo. y sus premisas, junto con la de los institucionalistas, habían sido aplicadas por el: presidente Roosevelt en el New Deal. Las teorías keynesianas no sólo influyeron en el período de entre guerra sino que lo hicieron después de la Segunda Guerra Mundial, y aun hoy, pese al éxito de la reacción liberal de los años '60, conservan su vigor. Todas las precisiones teóricas que descalificaban al Laissez Faire como un sistema apto para aplicar en la vida económica, parecieron confirmarse con la Gran Depresión.
Teoría y realidad eran las dos caras de una misma moneda que demostraba él fracaso del liberalismo económico, al menos, como ideología eficaz para mantener la creencia en el sistema capitalista. Ese lugar vacante lo vino a ocupar el keynesianismo, con sus propuestas que, en la realidad, operaron como un salvavidas del sistema.
Los economistas liberales de la época de entre guerras, tanto en los USA como de Europa, reformaron sus teorías frente al nuevo panorama vigente. Ya no era posible preconizar un retornó a Laissez faire absoluto, resguardado de toda intervención estatal. En 1938 los neoliberales de Europa occidental, se reunieron en lo que se denominó el coloquio de Wafter Lippmann por el escrito liberal que critico a las grandes sociedades anónimas, identificándolas como monopolios que obstaculizaban el mecanismo de precios en un mercado libre. A este coloquio asistieron los economistas liberales más destacados de Europa, entre los que se puede mencionar a R Aron, L. Rouçier y J. Rueff de Francia, J.B. Condilifte de Gran Bretafla y L. yon Mises, E. von Hayek y W. Ropke de la escuela de Viena . En este coloquio se reafirmaron las posiciones antidirigistasde los neoliberales y se sostuvo la necesidad de una vuelta a la economía de mercado, aunque, con esta denominación genérica no precisaron a cual de las estas formas de economía de mercado se referían. En el coloquio Lippmann no se produjeron definiciones que permitan hablar de un neoliberalismo muy diferente al decimonónico del Laissez Fairg . Solamente, en lo qué se refiere a este principio, no afirmaron que se debía adoptar en forma absoluta, y en lo que se vincula con el estado, no descartaron en forma total su intervención. Walter Lipmann ha sido el neoliberal que con más énfasis solicito medidas contra las grandes sociedades anónimas para impedir que los monopolios dominaran los mercados y en contra de los acuerdos que anulan la competencia. Se pronuncio, también, en contra de la autofinanciación de las poderosas sociedades anónimas con el fin de establecer la competencia en el mercado de capitales
En el neoliberalismo han existido opiniones muy contradictorias. Desde Ludwing von Mises, cuya preocupación fundamental era el restablecimiento del mercado sin el cual no puede haber equilibrio ni cálculo económico; Wilhelm Ropke, para quien la intervención del Estado solo debe ser admitida para garantizar la existencia de un mundo de Pequeñas empresas y de competencia y que, al mismo tiempo, se opone a toda forma de redistribución de ingresos y de política ocupacional; Friedrich von Hayek,quien en los años '40 no se mostró partidario de una economía dirigida propiciando una "estructuración racional de la competencia", sin definir con mucha precisión el concepto (este autor en los años '60 adhirió al monetarismo y denunció la acción de los sindicatos como perjudicial para la actividad económica); Jacques Rueff, que admite la intervención del Estado en tiempos de guerra para repartir artículos de consumo y materias primas y, en alguna medida, acepta que se intervenga, no sobre la formación de los precios, pero sí sobre la oferta y la demanda; hasta James E. Meade y Roy F. Harrod, que introdujeron en el pensamiento liberal importantes conceptos keynesianos como el de preconizar la intervención del Estado para evitar las oscilaciones que llevan al sistema capitalista de la prosperidad a la depresión.
Los neoliberales más ortodoxos con el liberalismo económico tradicional fundaron en 1950 la llamada sociedad Mont-Pélérin, cuyo principal inspirador ha sido F. von Hayçk, y donde proviene la denominación de la economía Social de mercado utilizada para identificar a las propuestas de los liberales de la actualidad.
En épocas recientes ha sido formulada la teoría monetarista que ha adquirido una gran influencia en el pensamiento liberal, y de cuyas premisas se hicieron eco algunos gobiernos como el de Ronal Reagan en los Estados Unidos y otros que configuraron dictaduras en países latinoamericanos (Argentina, Chile y Uruguay). Las gravitaciones qué estas teorías han teñido sobre hombres de Estado y sobre la marcha de las actividad económica en el mundo en general en donde se observa una creciente oligopolización en los sectores productivos principales, convierte en poco menos qué imposible utilizar con propiedad el término neoliberalismo, si es que con él se pretende designar a una teoría económica eficaz para limitar el poder que los monopolios y para asegurar que los precios se formen en un mercado libre de interferencias privadas o estatales

lunes, 2 de febrero de 2009

Calculo de la Pendiente

Cálculo de la pendiente
La pendiente es la relación que existe entre el desnivel que debemos superar y la distancia en horizontal que debemos recorrer. La distancia horizontal se mide en el mapa. La pendiente se expresa en tantos por ciento, o en grados.
Para calcular una pendiente en tantos por ciento basta con resolver la siguiente regla de tres: Distancia en horizontal es a 100 como distancia en vertical es a X

Para calcular la pendiente en grados basta con resolver el triángulo rectángulo con los dos catetos conocidos.

Un ángulo de 45º es una pendiente del 100% ya que cada 100 metros en horizontal se recorren 100 metros en altura.
Cuando medimos una distancia en el mapa lo hacemos sobre una superficie plana. La que medimos en el mapa se llama distancia planimétrica, que no es otra cosa que la proyección en el mapa de la distancia real. La distancia planimétrica coincide con la real sólo si en la realidad hay una llanura, pero si hay una pendiente la diferencia entre la distancia real y la planimétrica puede ser notable.
Para calcular la distancia real debemos hallar el valor de la hipotenusa de un triángulo rectángulo. El valor de un cateto es la distancia en metros entre dos puntos, el valor del otro cateto es el valor en metros de la diferencia en altitud entre los dos puntos.
La distancia real es pues:

Donde:
r = distancia real
h = distancia horizontal en la realidad entre los dos puntos
a = diferencia de altura en la realidad entre dos puntos
Para medir la distancia entre dos puntos en línea recta basta con usar una regla, en un plano pocos trazados son rectos. Para medir trazados sinuosos entre dos puntos se pueden usar dos métodos, uno rudimentario, que consiste en colocar un hilo sobre el recorrido y luego medir la longitud del hilo, el otro es usando un instrumento creado al para esto llamado curvímetro
Escala (cartografía)
Una escala es la relación matemática que existe entre la realidad y el dibujo que de ella se hace sobre un plano. Normalmente tiene la apariencia de 1:50.000 ó 1/50.000 que, en este caso, quiere decir que 50.000 unidades de la realidad están representadas en el mapa como una. Estas unidades pueden ser de cualquier magnitud: kilómetros, millas, metros cuadrados, etc. Es decir, un centímetro cuadrado en el mapa son 50.000 centímetros cuadrados en la realidad, dos centímetros lineales son 100.000 centímetros en la realidad (50.000 x 2), es decir 1000 metros, un kilómetro. Además, en los mapas suele aparecer una escala gráfica, que es un pequeño dibujo lineal, semejante a una regla graduada, con la equivalencia de la distancia.
Para calcular la distancia real debemos medir la distancia en un mapa multiplicarla por la escala. Para pasar de la distancia real a la representación sobre un mapa debemos dividir. Hay que tener en cuenta que siempre obtendremos resultados en las unidades en las que hayamos tomado las medidas.
Como cuanto mayor sea el denominador más pequeño será el mapa final que obtengamos, decimos que una escala es pequeña cuando obtenemos un mapa pequeño y grande cuando obtenemos mapas grandes para la representación del mismo elemento.
Las diferentes escalas nos permiten estudiar fenómenos diferentes. A escala de 1:1.000 y 1:5.000 se pueden estudiar fenómenos de mucho detalle. Se puede dibujar una casa. Se llaman, específicamente, planos, y es que a una escala tan grande no es necesaria una proyección y se puede considerar la Tierra plana. Con escalas entre 1:5.000 y 1:20.000 podemos representar planos callejeros de ciudades. Entre 1:20.000 y 1:50.000 podemos estudiar comarcas y municipios. Entre el 1:50.000 y el 1:200.000 podemos estudiar provincias y regiones, y las carreteras. Entre 1:200.000 y 1:1.000.000 podemos ver los países y sus divisiones. A escalas inferiores a 1:1.000.000 podemos ver continentes y hasta el mundo entero.
En los mapas pequeños, menores de 1:50.000, la información que aparece sobre ellos no está dibujada a escala, de tal manera que no podemos calcular en ellos la anchura de una carretera, o el radio de una curva, o a extensión de una ciudad con sólo multiplicar el tamaño del dibujo por la escala.
También hay que tener en cuenta que en mapas menores de 1:1.000.000 sólo el centro del mapa mantiene la equivalencia de la escala. Cuanto más al borde nos encontremos más deformaciones encontraremos. El carácter de esas deformaciones dependen del tipo de proyección.
Representación de la altitud
La diferencia de altitud entre dos curvas de nivel consecutivas se llama equidistancia. Normalmente en un mapa 1:50.000 la equidistancia es de 20 metros. Cada cuatro curvas, es decir cada 100 metros, la curva de nivel se dibuja más gruesa, esas se llaman curvas maestras. Las curvas maestras tienen un número que indica su altitud sobre el nivel del mar. La cima se encuentra dentro de la curva de nivel más pequeña. En ocasiones aparece un punto y un número, el punto se llama cota y el número es la altitud sobre el nivel del mar.
Entre dos puntos del mapa sabemos que ascendemos si desde un punto de altura conocida la curva maestra siguiente está más alta que el punto conocido. Por cada curva de nivel que atravesemos debemos sumar la equidistancia (20 metros).
En ocasiones nos encontraremos curvas de nivel con unas pequeñas pestañas. Quieren decir que en ese punto hay una pequeña depresión. La depresión está en la dirección que marcan las pestañas.
Como las curvas de nivel marcan la equidistancia en vertical y no en horizontal eso quiere decir que cuanto más cerca estén las curvas de nivel unas de otras más pendiente es la ladera.
Existen algunas figuras típicas que corresponden a elementos del paisaje comunes, los significativos son: el valle, la línea de crestas o divisoria y el puerto.
Corte topográfico
Artículo de la Enciclopedia Libre Universal en Español.
El corte topográfico es la curva que nos permite hacernos una idea de cómo es el relieve que está dibujado en el mapa.
El corte topográfico sirve para hacerse una idea de cómo es el relieve que está dibujado en el mapa. Para levantarlo debemos partir de la información que nos proporciona el mapa, es decir, las curvas de nivel, la distancia horizontal entre dos puntos y la escala.
Para hacer un corte topográfico se debe seleccionar dos puntos del mapa. Trazar una línea recta entre ambos. Luego sobre un papel colocado encima de la línea marcamos todas las curvas de nivel que encontremos. Si las curva de nivel están muy juntas basta con que se marquen las curvas maestras. Con esta información se va al papel milimetrado.
Se dibuja un eje de coordenadas.
El eje horizontal (abscisas) tendrá la misma escala que el mapa. Si se quiere variar habrá que hacer los cálculos oportunos. Sobre esa línea trasladamos las distancias entre las curvas de nivel que tenemos en la hoja.
El eje vertical (ordenadas) tendrá una escala diferente. Lo normal, para poder ver cómodamente el relieve es que esté en la escala 1:10.000, pero se puede elegir cualquiera. Es decir, cada centímetro en el papel serán 100 metros en la realidad.
A continuación levantamos cada punto del eje de abscisas en vertical hasta alcanzar la altitud correspondiente en el eje de ordenadas. Y se marcan. Cuando estén todos se unen todos los puntos y se obtiene un perfil del relieve en línea recta entre los puntos seleccionados.
Para completar el corte se debe de poner como mínimo: la hoja en el que se encuentra la zona seleccionada, el nombre de los puntos de los extremos del corte, y si es posible el nombre de las cotas, los ríos y los pueblos por donde pasa, la escala que hemos empleado y el rumbo del corte.
Se pueden hacer también cortes que den la imagen del perfil de un trayecto sinuoso. Para ello se debe tomar la distancia entre las curvas de nivel que se vaya atravesando, para poder marcarlas sobre el eje de abscisas. Los cortes sinuosos más habituales son los del trayecto de una carretera (famosos por las vueltas ciclistas) y el perfil de un río, que es siempre descendente.
Si en lugar de hacer un solo corte hacemos varios paralelos y resaltamos las líneas que sobresalen tendremos un corte compuesto, que nos da una idea del aspecto del paisaje.
Rumbo y la orientación del mapa
Ningún mapa sirve para nada si no se puede identificar el lugar donde nos encontramos dentro de él. Pero una vez situados debemos orientar el mapa, para que las direcciones que se marcan en él sean las mismas que en la realidad. Esto vale tanto para un mapa topográfico como para un plano callejero o un mapa de carreteras.
Para situarse dentro de un mapa se debe de estar en un lugar conocido, en la intersección de dos líneas del mapa que sabemos a qué corresponden en la realidad. Por ejemplo dos calles.
Para orientar un mapa se pueden usar dos procedimientos. El primero es colocar el plano paralelo a esas líneas que hemos reconocido. Este método es suficiente en la mayoría de los casos. Se usa mucho para orientar planos callejeros. Una vez orientado se puede saber la dirección que hay que tomar, el rumbo, con sólo saber a qué punto del mapa queremos llegar. El rumbo que marque el mapa es el mismo que debemos tomar en la realidad.
No obstante, en ocasiones no se disponen de esas ayudas, por ejemplo si se está en una habitación cerrada, y para orientar el mapa necesitamos de la brújula.
En todo mapa, a no ser que se diga lo contrario, el norte está en la parte superior de la hoja, el sur en la inferior, el este a la derecha y el oeste a la izquierda. En los mapas en los que esto no es así aparece una rosa de los vientos indicando cual es la dirección del Norte. Para orientar el mapa se coloca la brújula paralelamente a los meridianos, o el borde derecho o izquierdo de la hoja si no hay dibujados meridianos. Entonces se gira la hoja hasta que el limbo de la brújula coincida con la dirección que marca la aguja. En ese momento el mapa está orientado con el norte magnético.
El rumbo es la dirección en línea recta, medida en grados de circunferencia, entre dos puntos. En un mapa para conocer los grados del rumbo entre dos puntos basta con usar un transportador de ángulos. En la realidad ese transportador de ángulos es la brújula. Se comienza a contar desde el Norte y en sentido de las agujas del reloj.
Otra manera de conocer el rumbo en la realidad, sin necesidad de orientar el mapa, es la siguiente. Las brújulas suelen tener un lado recto y un limbo móvil. Colocamos la parte recta entre el lugar donde nos encontramos y el lugar donde queremos ir, con la parte posterior en el lugar donde nos encontramos. Hacemos girar el limbo hasta que quede paralelo a los meridianos y señalando el norte del mapa. Cogemos la brújula en la mano y la giramos hasta que la aguja magnética coincida con el norte que hemos marcado. Entonces el lado recto de la brújula indicará la dirección que se debe de seguir.

domingo, 6 de julio de 2008

Climatología: El Niño (ENSO)

El Niño
En climatología se denomina El Niño a un síndrome climático, erráticamente cíclico, que consiste en un cambio en los patrones de movimientos de las masas de aire provocando, en consecuencia, un retardo en la cinética de las corrientes marinas "normales", desencadenando el calentamiento de las aguas sudamericanas; provoca estragos a escala mundial, afectando a América del Sur, Indonesia y Australia.
El nombre de "El Niño" se debe a pescadores del puerto de Paita al norte de Perú que observaron que las aguas de la Corriente Peruana ó Corriente de Humboldt, que corre de sur a norte frente a la costa peruana, se calentaban en la época de las fiestas navideñas y los cardúmenes o banco de peces huían hacia el sur, debido a una corriente caliente procedente del Golfo de Guayaquil (Ecuador). A este fenómeno le dieron el nombre de Corriente del Niño, por lo del niño Jesús.
El nombre científico del fenómeno es Oscilación del Sur El Niño (El Niño-Southern Oscillation, ENSO, por sus siglas en inglés). Es un fenómeno con más de once milenios de historia climática.
El episodio prodrómico se inicia en el océano Pacífico tropical, cerca de Australia e Indonesia, y con él se altera la presión atmosférica en zonas muy distantes entre sí, se producen cambios en la dirección y en la velocidad de los vientos y se desplazan las zonas de lluvia en la región tropical.
En condiciones normales, también llamadas Condiciones Neutrales, los vientos Alisios (que soplan de este a oeste) apilan una gran cantidad de agua y calor en la parte occidental de este océano. El nivel superficial del mar es, en consecuencia, aproximadamente 5 dm más alto en Indonesia que frente a las costas del Perú y Ecuador.1 2 3 4
Además, la diferencia en la temperatura superficial del mar es de alrededor de 8 ºC entre ambas zonas del Pacífico. Las temperaturas "frías" se presentan en América del Sur porque suben las aguas profundas y producen un agua rica en nutrientes y mantiene el ecosistema marino. Durante "la Niña" las zonas relativamente húmedas y lluviosas se localizan al sudeste asiático, mientras que en América del Sur es relativamente seco.
Durante el Niño los vientos alisios se debilitan o dejan de soplar, la máxima temperatura marina se desplaza hacia la Corriente de Perú, que es relativamente fría, y la mínima temperatura marina se desplaza hacia el Sudeste Asiático. Esto provoca el aumento de la presión atmosférica en el sudeste asiático y la disminución en América del Sur. Todo este cambio ocurre en un intervalo de seis meses, que representa aproximadamente desde junio a noviembre es muy fuerte con alteraciones en el clima
Los efectos
Las consecuencias de este fenómeno climático lleva a regiones aleatorias de América del Sur a:
Lluvias intensas.
Disminución de la intensidad de la Corriente de Humboldt.
Pérdidas pesqueras en ciertas especies e incremento en otras.
Intensa formación de nubes generadas en la Zona de Convergencia Intertropical.
Periodos muy húmedos.
Baja presión atmosférica.
En el sudeste de Asia
En determinadas regiones aleatorias (desconocidas) del sudeste asiático provoca:
Lluvias escasas.
Enfriamiento del océano.
Baja formación de nubes.
Periodos muy secos.
Alta presión atmosférica.
Escases de alimentos marinos
En el Mundo
Consecuencias globales:
Cambio de circulación atmosférica.
Cambio de la temperatura oceánica.
Pérdida económica en actividades primarias.
Pérdidas de hogares.
A finales del 2006 en cantábrico oriental hubo escasas precipitaciones provocando así sequías.
El síndrome El Niño en la historia y en la prehistoria de Perú
Técnicas de identificación existentes
Contrariamente a las medidas regulares y precisas de parámetros como la precipitación, la temperatura del aire o del mar, efectuadas muy precariamente desde 1930, para períodos más antiguos sólo se dispone de narraciones o descripciones de las consecuencias de las anomalías climáticas refiriéndose, por ejemplo, a las cosechas, a las condiciones de navegación y a la aparición de fenómenos meteorológicos no habituales como truenos, inundaciones, desastres por temporales, etc.
Para identificar fenómenos meteorológicos, en paleoclimas, se dispone de los estudios geológicos de capas de sedimentos, fechables por estratigrafía (las capas más antiguas están por debajo), por datación al carbono 14, que indica el período en el cual se han formado los componentes orgánicos prisioneros (polen, etc.) en los depósitos o por los restos arqueológicos que se mezclan.
Todas estas observaciones deben ser verificadas, comparadas y recortadas con el mayor número de informaciones proveniente de diversas disciplinas. Toda incoherencia debe ser explicada. Por ejemplo se sabe que:
El nivel de los océanos ha variado varias decenas de metros, provocando variaciones del nivel de base y, por lo tanto, la erosión cerca de las desembocaduras
La forma de algunos cordones litorales fósiles indica la dirección de las corrientes y de las olas dominantes
Las dunas fósiles corresponde a períodos áridos e indica cuales eran los vientos dominantes
Los fósiles (diatomados, foraminíferos), como también el crecimiento de los arrecifes de corales, dan indicaciones sobre la temperatura y la salinidad del agua de mar
El estudio de las capas de hielos antiguos y de glaciares tropicales, de la composición isotópica del aire y la de los pólenes que quedaron prisioneros, permiten conocer las condiciones atmosféricas pasadas (temperatura del aire, importancia de las precipitaciones, etc.)
La dendroclimatología (estudio de los anillos de crecimiento de los árboles) proporciona informaciones sobre las precipitaciones y las temperaturas del pasado
Todo esto debe ser comparado a otros estudios utilizados por los paleoclimatólogos como el estudio del crecimiento de arrecifes tropicales, o las huellas dejadas por una fuerte explosión volcánica.
Errores y trampas a evitar
Estas técnicas son a menudo indirectas o subjetivas y sólo se dispone de consecuencias o efectos indirectos de lo que se quiere medir.
En principio, se debe verificar y confirmar lo que han querido decir los historiadores. Por ejemplo, las destrucciones ocasionadas por el río Rímac son mucho más numerosas en los dos primeros siglos de la colonia. Puede ser que algunos barrios de Lima estaban más cerca del río en esa época. En otros casos algunas construcciones que se encuentran actualmente en zonas inundables, hacen que las crecidas que inundaban antaño praderas sin que nadie se preocupara, destruyen actualmente las viviendas para que aparezcan como noticia de primera plana en los diarios. Este es el caso de las inundaciones en la ciudad de Ica cuya población ha pasado de 50.000 a 300.000 habitantes entre 1963 y 1998, años de las dos últimas inundaciones.
Enseguida, todas las inundaciones o fuertes lluvias no son necesariamente provocadas por el Fenómeno El Niño.
La zona costera del norte de Perú es la única parte de Perú en la que las precipitaciones muy fuertes y las inundaciones están ligadas indiscutiblemente a "El Niño". Tanto en el sur de Perú como en el Altiplano boliviano El Niño provocaría sequías, mientras que La Niña correspondería a excesos pluviométricos, que ya no serían provocados por un aumento de las temperaturas de superficie del océano, pero por influencias más fuertes de los sistemas frontales del Sur (aire polar).
Además no se dispone de información directa sobre los mecanismos del clima durante los Mega-Niños. Sólo podemos constatar que los dos Niños Muy fuertes de 1982-83 y de 1997-98 han tenido comportamientos diferentes en el Sur. 1983 correspondió a una sequía, mientras que en el 97-98 la precipitación fue superior al promedio. No se sabe cómo se comportará el próximo Muy Fuerte Niño y menos aún el próximo Mega Niño.
Los Huaicos, avalanchas y aluviones
La mayor parte de las cuencas de la vertiente del Pacífico del Perú, adosadas a los Andes, puede ser golpeada por fenómenos catastróficos llamados Huaicos. Estos Huaicos pueden corresponder a crecidas muy fuertes, acompañadas de aluviones que provocan a menudo daños considerables. Generalmente, los valles escarpados en las partes altas o medias son bloqueadas por derrumbes que a veces pueden retener un volumen grande de agua. La ruptura de estas presas es a menudo muy rápida con un gran volumen de agua y de sedimentos (rocas) escurriéndose bruscamente con fuertes velocidades en el valle.
Estos huaicos también pueden ser generados por un accidente provocado por un glaciar: caída de un gran volumen de hielo en un lago moraínico provocando su desborde, o bien el rebalse (ruptura) de un lago o de una laguna contenida por el glacial o incluso un accidente como el que se produjo en 1970 en el Huascarán en la cuenca del río Santa. Una avalancha de hielo de un volumen de 50 a 100 millones de m3 se desprendió del glaciar de la cima del nevado Huascarán, destruyendo la ciudad de Yungay y provocando la muerte de 18.000 personas. Se estima que la crecida alcanzó una altura de 80 m en las quebradas del río Santa (Cañón del Pato) donde la velocidad del flujo de agua y de sedimentos ha sobrepasado probablemente los 100 km/h, destruyendo una central hidroeléctrica. Se ha encontrado una capa de sedimentos sobre toda la llanura aluvial del río Santa, cerca del Océano, sobre varios kilómetros de ancho. Esta inundación catastrófica, que ha dejado huellas que serán probablemente observadas por los geólogos (depósito de sedimentos) no tiene nada que ver con el Fenómeno El Niño, puesto que fue provocado por un terremoto y por las consecuencias de la fusión glaciar actual. No es el primero, ya que en 1962, 13 millones de m3 de hielo se derrumbaron sin ningún terremoto, provocando la muerte de 4.000 personas. Se han encontrado huellas de una avalancha aún más grande, anterior a la llegada de los españoles cuyo volumen ha sido estimado entre 100 y 200 millones de m3, la altura de la crecida a 123 m y su velocidad estimada en 140 km/h .
En 1987, se estimaba que había 3044 glaciares en el Perú, cubriendo una superficie de 2040 km2 para un volumen total de 56 mil millones de m3. Y se han censado 602 lagos de origen glaciar en la Cordillera Blanca y al menos 20 catástrofes mayores en el Departamento de Ancash desde el siglo XVII.
Este tipo de accidente, de origen glaciar o lacustre, no debe ser atribuido a El Niño, con el cual no existe ninguna relación directa y puede o ha podido sobrevenir frecuentemente, sobre todo durante épocas de desglaciación y de alejamiento de los glaciares
Otros errores
La datación del C14 indica la fecha en que el organismo viviente ha asimilado el gas carbónico de la atmósfera. Si se trata de bosque, puede ser más antiguo que el depósito.
Los restos arqueológicos han podido ser mezclados por las propias civilizaciones desaparecidas o por saqueadores de tumbas.
Unas dunas han podido bloquear la desembocadura de un río y hacer pensar en una elevación del nivel de base (nivel del mar) o inclusive crear un medio marino confinado cuyas características (fósiles) ya no eran más representativas que las del mar.
Fuertes crecidas pueden destruir (parcial o por partes) huellas de crecidas más antiguas.
También hay que tener presente que las condiciones climáticas promedio han podido variar con el transcurrir de los siglos.
En breve, la mayor vigilancia y un sentido crítico agudo siempre son necesarios ante todo un abanico de posibles errores.
Los Niños prehispánicos
Resumiendo las conclusiones de quienes han estudiado las huellas dejadas desde hace algunos milenios por eventos climáticos excepcionales en varias zonas situadas entre la desembocadura del río Piura, al norte y la de la Quebrada de los Burros cerca de Tacna, al extremo sur de Perú.
No se sabe bien cuáles eran las condiciones climáticas que reinaban en la costa Peruana antes de la era interglacial actual, llamada holoceno (que se estableció desde hace 10 a 15 milenios). El nivel del mar era de 80 a 120 m más bajo y la línea de la orilla más alejada, hasta varios kilómetros. Los autores están de acuerdo en pensar que las condiciones climáticas sobre la costa peruana ya eran desérticas o al menos áridas. Algunos investigadores afirman que los eventos de El Niño existen desde hace por lo menos 40.000 años.
En la parte norte de Perú, se observa un evento del Niño que provoca inundaciones cada 5 ó 10 años. En el Sur estos eventos son escasos, pero pueden sobrevenir y son a menudo devastadores.
Las huellas dejadas por los diferentes Niño varían según las regiones. Las cronologías pueden ser diferentes. Se puede constatar que, de norte a sur de la costa peruana sobrevienen cada 200, 300 ó 500 años, una catástrofe climática mayor que probablemente ha provocado a menudo o facilitado la desaparición violenta de varias civilizaciones como la Cultura Chavín, la Dinastía Naylamp o la cultura Lambayeque.
Los Niños históricos
Diversos investigadores han concordado en una cronología completa de los eventos del Niño a partir de los elementos históricos.
Los eventos calificados de muy fuertes, que se podrían comparar con los eventos de 1982-83 y de 1997-98 han sobrevenido en 1578, 1728, 1790-93, 1828, 1876-78, 1891 y 1925-26, es decir 9 eventos muy fuertes en 475 años, es decir aproximadamente cada 50 años.
Otros 10 eventos son calificados entre Fuerte y Muy Fuerte (F+) y otros 21 de Fuertes. Por lo tanto, ha habido 40 eventos Fuertes y Muy Fuertes en 475 años, es decir uno cada 9 años.
Consideraciones finales
Para concluir, con todas las reservas del caso se puede decir que cada 500 ó 1000 años el Perú ha sido golpeado por una catástrofe mayor (Mega Niño), capaz de remodelar paisajes y desorganizar o provocar la desaparición de sociedades.
Niños Muy Fuertes como los de 1925, 1983 ó 1997 sobrevendrán aproximadamente cada 50 años, en media.
Niños normales o canónicos sobrevendrán en promedio cada 3 ó 4 años. Estos tienen a menudo efectos benéficos sobre las culturas y la generación de los recursos en agua, pero provocan una sobre dos o tres veces (en promedio cada diez años) daños apreciables.
Finalmente, hay que recordar que en el Perú, las inundaciones no siempre son provocadas por el Fenómeno El Niño. Los huaicos a menudo catastróficos son muchas veces vinculados por deslizamientos de terreno, (provocados por temblores, accidentes glaciares o exceso de lluvias relacionadas con el Niño o no).
Las investigaciones del Síndrome El Niño puede poner orden en el contexto de las posibilidades del cambio climático. El hallazgo de un cierto ciclaje en la reaparición del Niño puede hipotetizar acerca de no cambios climáticos globales. Hay expertos en disidencia en pensar en la hipótesis de un no recalentamiento global del clima del planeta, por los antiguos mega «Niños Muy Fuertes», y que en la actualidad sean menos frecuentes.
1997-1998
En noviembre de 1997 se realizó un foro para predecir los impactos de El Niño. "¿Cuánto va a llover en la región?" o "¿cuánto se intensificarán los vientos para los huracanes?" fueron dos de las de cientos de preguntas que se realizaron en el foro. Las consecuencias del fenómeno El Niño, en 1997, fueron muy fuertes, no solamente afectaron las costas de Sudamérica, sino que también afectó Centroamérica, el Pacífico mexicano y la Corriente de California, ocasionando intensas lluvias desde el estado de Baja California, en México, hasta el sur del Perú. Provocó, aparte de epidemias, gran erosión en las costas, incendios forestales, pérdida pesquera y agrícola. Incluso el 13 de diciembre de 1997, invierno boreal, se dio un frente frío junto con las intensas lluvias del fenómeno que produjeron una nevada en el norte y centro del estado de Jalisco. Esto trajo consigo un descenso en la temperatura de -7 °C, después de 116 años que no se presentaba a este nivel. Para el profundo desconocimiento del clima, que nos viene regulando, desde la Era Postglacial (Würm), con una "estabilización climática" y ciclos desconocidas, un episodio cada 116 años es 1 min climático.En este msimo dia se presentaron nevadas en ciudades que no neva usualmente como Guadalajara, San Luis Potosi Leon y Aguascalientes provocando también la suspension de actividades el los puertos de manzanillo y lazaro cardenas.
Influencia en el Perú
El fenómeno del Niño afectó en 1997-98 gran parte del Perú, concentrándose sus efectos entre noviembre de 1997 y abril de 1998. Las lluvias promedio mensuales alcanzaron 701 mm en Tumbes, 623 mm en Piura y 202 mm en Chiclayo, superando ampliamente los niveles normales.5
Los departamentos más afectados del país fueron los de Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Ancash, Ica, Junín, Cusco y Cajamarca. Los principales daños ocasionados por desbordes de los ríos y por precipitaciones pluviales ocurrieron en los casos de Tumbes, Piura, Lambayeque e Ica.
Los ríos que desembocan en el Pacífico alcanzaron caudales muy importantes. Algunos de los cuales alcanzaron los siguientes caudales:
Río Tumbes 2300 m3/s
Río Piura 4424 m3/s
Río Chicama 1200 m3/s
Río Ica 620 m3/s
Río Rímac 200 m3/s
Los daños causados se concentran en la infraestructura vial, agricultura e infraestructura urbanas eléctricas. Se estimaron 880 km de carreteras destruidas donde 115 km corresponden a carreteras asfaltadas, 394 km a afirmadas y 334 km a vías sin afirmar y trochas. Igualmente han sido afectados 845 km de carreteras asfaltadas, 4.640 km de carreteras afirmadas y 1.060 km de vías sin afirmar aproximadamente. Se tienen 58 puentes dañados totalmente y 28 puentes afectados con una longitud total de 4395 m. Igualmente las vías de ferrocarril central, del sur y del sur-oriente han sufrido el embate de más de 150 huaicos.
Se han afectado poblaciones urbanas o rurales de Tumbes, Piura, Ica, Oxapampa, Villarica, Pozuzo, Junín, y Trujillo, comprometiéndose sus obras de saneamiento de agua y desagüe.
La amplitud excepcional de este fenómeno obliga a modificar el razonamiento técnico tradicional y proponer medidas y tipos de obras diferentes de los recomendados en el pasado.
El Síndrome El Niño es un conjunto de eventos climático-hidrológicos, cuya naturaleza, aparición, intensidad, no está aún claramente definida, como tampoco su magnitud, sus lugares de afectación, frecuencia e intensidad. Por esto, en el caso de los ríos de la Vertiente del Pacífico, es difícil realizar predicciones o certezas sobre los eventos extremos basados únicamente sobre resultados estadísticos de series hidrológicas, aun cuando existieran períodos de registro máximo de 80 años, pues la frecuencia de aparición de los valores extremos está sujeta a incertidumbres en razón del increíblemente corto período de registro de la muestra estadística.
El Niño de 1998 afectó en forma inesperada a la ciudad de Ica, en el estado presente de nuestro conocimiento y según el estudio de este evento, no hay ninguna certeza de que podría volver a presentarse, con magnitud e intensidad impredecible, en cualquier año y en cualquiera de las cuencas hidrográficas de la costa peruana.
Las investigaciones históricas y prehistóricas hechas por varios autores conducen a estimar el periodo de retorno de los dos últimos Niños "fuertes" a 50 años, con todas las debidas reservas.
El ENSO y el calentamiento global
A comienzos del siglo XXI, la asignación de cambios recientes en el ENSO, o predicciones hacia cambios futuros de clima, no han logrado correlaciones consistentes.6 Más resultados de 20057 tienden a sugerir que los relativamente proyectados calentamientos, podrían seguir a cambios en los patrones espaciales El Niño, sin necesariamente alterar la variabilidad natural de este patrón, mientras el ciclo ENSO podría acortarse mínimamente.8
Últimas noticias
El más reciente episodio de El Niño comenzó en septiembre de 20069 y finalizó en marzo de 2007.10 Desde abril de 2007, se está desarrollando un evento "La Niña" débil, con temperaturas superficiales del océano Pacífico no inferiores a -1,5 ºC del promedio

jueves, 22 de mayo de 2008

La Economia de España I

Economía de España
La economía de España, al igual que su población, es la quinta más grande de la Unión Europea (UE) y en términos absolutos la octava economía del mundo. En términos relativos o de paridad de poder adquisitivo, se encuentra también entre las mayores del mundo. Actualmente, y desde la crisis de principios de los 90, la economía española se encuentra en un período de crecimiento.
1939 – 1959: La post-guerra y la Autarquía
La postguerra
El 1 de abril de 1939 la Guerra Civil Española acabó con la victoria del bando nacionalista, liderado por el general Franco, que será jefe de Estado desde 1939 hasta su muerte, en 1975. Tras tres años de guerra, el panorama del país era desolador:
Muchos españoles o habían muerto en la guerra o se habían exiliado (especialmente a Francia), con lo cual la población había disminuido.
Las infraestructuras y las ciudades habían sufrido grandes estragos a causa de los bombardeos.
Existía una gran escasez de víveres que provocó que una buena parte de la población sufriera hambre, pero también faltaban materias primas y bienes de equipo.
No había reservas de oro ni de divisas.
La capacidad productiva del país había disminuido mucho.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial el 1 de septiembre de 1939 determinó que aún fueran mayores las dificultades para procurarse los suministros indispensables y las posibilidades de transporte marítimo quedaron seriamente limitados, con lo que toda labor de reconstrucción económica quedó aplazada.
Como respuesta a toda esta situación, el gobierno implantó una política de autarquía, ya que la comunidad internacional había aislado a España económicamente (salvo la Argentina de Perón, que proveyó de carne bovina). Esto consiste en la búsqueda de la autosuficiencia económica con la intervención del Estado en la misma. El gobierno impuso una extensa sistema de controles estrictos e intervino en muchos aspectos de la vida económica del país. Entre los elementos sujetos a regulación figuraban los precios, el comercio exterior, las inversiones y la distribución de materias primas.
Los resultados obtenidos no fueron los esperados, sufriendo España en estos años un hundimiento de la producción agrícola e industrial, con una gran importancia del contrabando o estraperlo y la corrupción.1
El final de la guerra en 1945, no supuso una mejora de la situación de los problemas económicos de España. Los demás países europeos estaban tratando de resolver sus propios problemas y la escasez de alimentos y materias primas estaba extendido a toda Europa. España fue excluida por los Estados Unidos en el plan Marshall para la recuperación de Europa y esto no hizo más que acentuar la crisis y el aislamiento de la economía española.
El crecimiento económico en la década de los cuarenta fue muy lento y estuvo acompañado de una inflación alta. En 1950 la economía todavía no había recuperado el nivel de producción de 1935.
Años cincuenta
Hacia los años 50, la situación económica española empezó a mejorar debido al cambio de las políticas económicas, un ejemplo del cambio fue la liberalización parcial de los precios y del comercio.1 Algunos síntomas de esta mejora fueron el fin del racionamiento de la comida en 19521 y el hecho que en 1954 la renta media superase a la de 1935 (es decir, por fin la renta por habitante era superior a la del inicio de la guerra, 20 años antes).1
Desde 1951, los Estados Unidos de América en gran parte por intereses estratégicos, apoyaron económicamente a España debido a la Guerra Fría, pues el régimen de Franco, que anteriormente había sido visto como aliado del fascismo, era ahora visto como un aliado contra el comunismo. Sin embargo, esta ayuda no era gratuita, Estados Unidos recibía a cambio privilegios militares en territorio español. Recordemos que mientras que el Plan Marshall con ingentes recursos financieros ayudó a levantar la industria de las naciones occidentales tras la Segunda Guerra Mundial tales como Gran Bretaña, Francia, Alemania y Japón, en el caso de España se limitó sólo al ocasional envio de leche en polvo y queso enlatado. Al incrementarse la adquisición de suministros se produjo una expansión más rápida, al principio sin inflación, pero más adelante los precios comenzaron a subir y las reservas de divisas a disminuir. Esta situación llevó a Franco a crear un gobierno de tecnócratas a partir de 1957,1 que elaboraron una nueva política económica en 1959.1
1959 – 1973 : Expansión y crecimiento
En 1959 el nuevo gobierno elaboró el Plan de Estabilización,1 que se marcaba como objetivo la estabilidad económica, el equilibrio de la balanza de pagos y el robustecimiento de la moneda, el plan supuso por una parte liberalización de la economía y por otra parte austeridad, recortar el gasto público, disminuir el grado de intervención del Estado en la economía y abrir la economía a las empresas e inversores internacionales.2 El plan tuvo un éxito inmediato para contener la inflación y rehacer las reservas de divisas,2 en contra el crecimiento se frenó desde 1958 hasta 1960, mientras se operaba el reajuste.
Con estos antecedentes el Gobierno español decidió elaborar un programa de desarrollo. Todas estas medidas tomadas provocaron una larga etapa de expansión económica que duró hasta la crisis del petróleo de 1973.
En estos años, la industria ganó importancia en España, así como el sector terciario (un ejemplo es el turismo), provocado por este desarrollo industrial, los ciudadanos de las zonas rurales emigraron a las ciudades (principalmente hacia Madrid, Barcelona y Bilbao), creando suburbios dónde las condiciones de vida eran muy precarias. Esto causó una gran diferencia entre las regiones españolas,2 pues las más industrializadas, caso de País Vasco, Comunidad de Madrid y Cataluña, estaban mucho más desarrolladas que otras donde este proceso había sido prácticamente irrelevante y continuaban con una estructura económica basada en el sector primario, como fue el caso de Extremadura.
1973 – 1986 : Crisis y cambios profundos
En 1973, todo el mundo occidental entró en una gran crisis económica llamada Crisis del Petróleo provocada por la negativa de los países productores a vender petróleo a los aliados de Israel en la guerra del Yom Kippur (Estados Unidos y sus aliados europeos).
A la crisis económica internacional, hay que añadir la crisis política tras la muerte de Francisco Franco en 1975, cuando Juan Carlos I fue coronado Rey de España. Éste nombró a Adolfo Suárez como presidente del Gobierno y con todos los partidos políticos se elaboró la Constitución de 1978, que introducía un sistema de monarquía parlamentaria.
A principios de 1977 los datos de la economía española mostraban sin lugar a dudas que se encontraba en un situación de depresión, caracterizada por un estancamiento de la actividad productiva, (crecimiento del PIB en 1976 1,5%), aumento del paro (más de 800.000 parados) y fuertes niveles de inflación (20%).
Dentro de esta coyuntura se firmaron los Pactos de la Moncloa, suscritos por el gobierno, partidos políticos, sindicatos y asociaciones empresariales, que supusieron un control de las disponibilidades líquidas, una devaluación de la peseta y el control de los salarios. Los resultados no fueron del todo satisfactorios.
Desde 1982 con la entrada del gobierno socialista se llevó a cabo una política económica marcada por el control de la inflación y la moderación salarial.
La consolidación del proceso democrático facilitaron un proceso de acercamiento a Europa, que acabaría en 1986 cuando España ingresó en la Comunidad Económica Europea bajo la presidencia de Felipe González.
1986 – actualidad : Dentro de Europa
La entrada de España en la Comunidad Económica Europea (CEE) predecesora de la UE, el 1 de enero de 1986 fortaleció en definitiva el impulso económico iniciado. La entrada requirió que el país abriera su economía, con un fuerte incremento de la inversión extranjera en España y un impulso modernizador de la empresa española con la competencia exterior. También se produjo un incremento de las inversiones públicas en infraestructuras entre las que se encontraban las relativas a los fastos del 92, Olimpiadas de Barcelona y Exposición Universal de Sevilla. Se produjo un tirón del consumo motivado por un efecto enriquecimiento provocado por la subida de la Bolsa y del valor de los inmuebles. Con esto, España aceleró el crecimiento de su PIB, redujo la deuda pública, redujo la tasa de desempleo del 23% al 15% en 3 años y redujo la inflación por debajo del 3%. Los retos más importantes para la economía española incluyen la reducción del déficit público, una mayor reducción de la tasa de desempleo, la reforma de las leyes laborales, la reducción de la inflación, aumento del rendimiento y la productividad y el aumento del PIB per cápita.
Después del gran crecimiento experimentado a finales de los años 1980, la economía española entró en recesión a mediados de 1992. Desde 1992 la política económica estuvo marcada por los Acuerdo de Maastricht dirigidos a la instauración del euro como moneda común de la Unión Europea. Las medidas que suponían el control de la inflación y del déficit público.
La economía se recuperó a partir de 1995, conducida por un aumento de la confianza de los consumidores y un aumento del consumo privado, aunque este crecimiento ha sido menor en los últimos años. El paro sigue siendo un problema para los españoles (en 2005 la tasa de desempleo fue del 8,5%), pero aun así esto es una mejora con respecto a niveles anteriores. La devaluación de la peseta a lo largo de los años 1990 hizo más competitivas las exportaciones, pero la fuerza del euro desde su adopción (a principios de 2008, un euro se ha llegado a cambiar por 1,50 dólares estadounidenses) plantea dudas sobre si los precios de las exportaciones son demasiado altos para los compradores extranjeros. Sin embargo, esto se ha visto compensado por la facilidad del comercio entre los países de la zona euro y las nuevas relaciones de España con Iberoamérica y Asia.
Problemas actuales
Las aportaciones de capital de la UE, que han contribuido significativamente al crecimiento económico español desde la incorporación a la CEE, han comenzado a decrecer considerablemente en estos últimos años, debido a los efectos de la ampliación de la Unión. Por una parte, los fondos agrícolas de la Política agrícola común de la Unión Europea (PAC) se reparten entre más países (los países incorporados del este de Europa tienen un sector agrícola significativo), por otra, los fondos de cohesión y estructurales han disminuido inevitablemente debido al éxito económico español (ya que su renta ha progresado fuertemente en términos absolutos) y a que la incorporación de países de menor renta hacen disminuir la media de renta de modo tal que regiones deprimidas españolas han pasado a estar en la media europea o incluso encima de ella. No obstante, el crecimiento observado se prevé que tenderá a acrecentarse en los años próximos, en gran medida debido a la mejora de la economía global, a la fortaleza de la industria, las inversiones españolas en el exterior y al creciente comercio con Iberoamérica y Asia.
Diferencias territoriales y distribución de la renta
Distribución territorial de la renta
En la siguiente tabla aparecen ordenadas, por orden de mayor a menor PIB per cápita, todas las comunidades autónomas del Estado, así como las dos ciudades autónomas (según los datos del INE de acuerdo al Eurostat 20063 .Como se puede apreciar en ella, hay notables diferencias entre las comunidades autónomas del Estado, siendo la Comunidad de Madrid un 91,6% más rica que Extremadura (es decir, casi el doble).
Puesto Comunidad Autónoma
Nominal (2007)
Euros (€)
Nominal (2006)
Euros (€)
Nominal (2004)
Euros (€)
PPA (2004)
Euros (€)

1º País Vasco
30.599 28.346 24.509 26.975
2º Comunidad de Madrid
29.965 28.850 25.818 28.416
3º Navarra
29.483 27.861 24.761 27.252
4º Cataluña
- 26.124 23.533 25.900
5º Islas Baleares
- 24.456 22.332 24.579
6º Aragón
- 23.786 20.984 23.095
7º La Rioja
- 23.495 21.370 23.520
8º Cantabria
- 21.897 19.156 21.084
9º Castilla y León
- 21.244 18.533 20.398
10º Comunidad Valenciana
- 20.239 18.340 20.185
11º Ceuta
- 20.171 17.654 19.430
12º Melilla
- 19.929 17.178 18.906
13º Canarias
- 19.924 18.126 19.950
14º Principado de Asturias
- 19.868 16.995 18.705
15º Región de Murcia
- 18.400 16.481 18.140
16º Galicia
- 18.335 15.284 17.416
17º Castilla-La Mancha
18.564 17.339 15.456 17.011
18º Andalucía
18.298 17.251 15.154 16.679
19º Extremadura
16.080 15.054 13.101 14.419




Distribución individual de la renta
Distribución del ingreso disponible: el eje horizontal muestra el ingreso acumulado por decilas: desde el 10% más pobre (izquierda) al 10% más rico (derecha). El eje vertical da el porcentaje de renta que acumula cada decila, para tres años diferentes.
Por lo que se refiere a la distribución individual de la renta, España es un país razonablemente igualitario,4 con un índice de desigualdad de Gini entre 32 y 37 (el máximo valor posible es 100, aunque sólo el país más desigual del mundo, Namibia rebasa el valor 70).
El INE lleva a cabo periódicamente su "Encuesta Continua de Presupuestos familiares",5 que permite conocer de modo razonable la distribución de la renta. La primera de estas encuestas realizada entre marzo de 1964 y marzo de 1965, reveló que más del 81.6% de la población recibía ingresos inferiores a la media (9446 pesetas por familia),6 lo cual demostraba una distribución del ingreso mucho más desigual que la actual. El índice de desigualdad de Gini estimado con los datos de esa encuesta es de 44,0. Con la instauración de la democracia y la mejora de los niveles educativos y de ingreso de los más pobres, la igualdad creció durante los años 1970 y en 1980 el coeficiente de Gini era de 36,73. Posteriormente la desigualdad aumentó un poco llegándose a valores de este coeficiente de 38,58 (1993) y 38,23 (1996).7 8
Industrialización
Primer período
La industrialización decimonónica en España tuvo sus principales focos en Cataluña y el País Vasco, focalizandose en Cataluña en la industria textil, mientras que en el País Vasco la industria predominante fue la siderurgia, gracias a los yacimientos de mineral de hierro, que proporcionaron los capitales y materia prima. Además, un tercer foco de industrialización en el siglo XIX se desarrolló en Asturias, debido a los yacimientos de carbón. A partir de las inversiones de capitalistas españoles, franceses y británicos, se desarrolló en Asturias la minería y la industria siderúrgica. Otro foco pionero fue el de Andalucía, concretamente en la provincia de Málaga, pero tuvo una existencia efímera y por una serie de causas no se logró la industrialización de esta región hasta bien entrado el siglo XX.
Segundo período
Respecto a las restantes zonas industriales, su desarrollo se produjo en el segundo periodo industrializador de España, durante el denominado "desarrollismo", en las décadas finales del franquismo.
Vivienda
España tenía un parque de 23.700.600 viviendas a finales del año 2005, según datos del Banco de España, sobre un total de 15,39 millones de hogares españoles. Estas cifras indican un promedio de 1,54 viviendas por hogar español, la tasa más alta del mundo. Según las mismas fuentes, el 85 por ciento de las viviendas en España son de propiedad, y sólo un 15% se disfrutan en régimen de alquiler.
El precio medio de la vivienda nueva en España es de 2.510 euros por metro cuadrado, según datos de la Sociedad de Tasación a 31 de diciembre de 2005. El precio de la vivienda, sin embargo, varía ostensiblemente en función de las comunidades autónomas y las capitales de provincia.
Turismo
España es el segundo país del mundo que recibe más turistas extranjeros, según datos de la Organización Mundial del Turismo, tan sólo por detrás de Francia, y disfruta de una cuota del 7% del turismo mundial, por delante de Estados Unidos e Italia.
El turismo le reportó a España 37.500 millones de euros durante el año 2004, lo que la situó en segunda posición en ingresos económicos, por detrás de Estados Unidos, que ingresó 75.000 millones de euros en 2004 (el 12% del total), y por delante de Francia (33.900) e Italia (29.600).
Entre enero y noviembre de 2005 recibió un total de 52,4 millones de turistas extranjeros, un 6,2% más de los registrados en el mismo período del año anterior, según datos del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio.
Cataluña es el primer destino turístico de España. Los 13,2 millones de turistas que recibió suponen un 25,3% del total de las llegadas registradas en toda España, y representan un incremento del 12,7% respecto al mismo período del año anterior.
El segundo destino turístico de España son las Islas Baleares, que recibieron 9,4 millones de turistas los once primeros meses de 2005, un 1% más que el año anterior. Las Islas Canarias, con 8,6 millones de turistas (un 1,6% menos que el año anterior) es el tercer destino turístico por delante de Andalucía, que alcanzó los 7,6 millones (un 1,3% más) y la Comunidad Valenciana, con 4,8 millones (un 9,5% más).
Según las previsiones de la Organización Mundial del Turismo, la llegada de turismo extranjero a España crecerá una media del 5% anual en los próximos veinte años, lo que hace prever que España recibirá 75 millones de turistas extranjeros en el año 2020, unos 20 millones más que los recibidos en el año 2005.
Ciudades turísticas: Barcelona, Ibiza, Palma de Mallorca, Cáceres (Será Ciudad Europea de la Cultura en 2016), Cuenca, Santander, Salamanca, Córdoba, Madrid, San Sebastián, Pamplona (sobre todo en los Sanfermines), Valencia (sobre todo en las fallas), Granada, Málaga, Sevilla y Zaragoza (Expo 2008).
Zonas turísticas: Rías Bajas, Pirineos, Picos de Europa, Islas Baleares, Islas Canarias, Costa Brava, Costa Dorada, Costa del Sol, Costa de la Luz, Costa Blanca y Sierra Nevada, Costa Cálida
Datos y cifras [editar]
PIB: a precios de mercado — 1.049.848 millones de € (2007)
PIB: paridad de poder adquisitivo — 1.310.206 millones de $ (2007)
PIB — tasa de crecimiento real: 3,8% (2007), 3,9% (2006) y 3,4% (1994–2004)
PIB per capita: 31.471 $ USA (2007)
PIB per capita: paridad poder adquisitivo — 29.148 $ USA (2007)
PIB — composición por sector: (2006)
Industria: 13,5%
Construcción: 10,8%
Energía: 2,7%
Servicios: 59,5%
Agricultura: 2,6%
Población por pobreza relativa: 19,8% (2005)
Household income or consumption by percentage share:
máximo 10%: 2,8%
mínimo 10%: 25,2% (1990)
Tasa de inflación (precios al consumo): 2,7% (2006)
Encuesta de población activa (2005):
Población inactiva: 15.530,2 miles de personas
Población activa: 20.885,7 miles de personas
Ocupados: 18.973,2 miles de personas
Parados: 1.912,5 miles de personas
Trabajadores — por sector (2005):
servicios 65,01%
industria 17,2%
construcción 12,5%
agricultura 5,29%
Tasa de desempleo: 7,95%
Balance del presupuesto (2006 est.): 12.777 millones de euros / 1,7 sobre el PIB
Balance del presupuesto (2007 est.): 9.531 millones de euros / 0,9 sobre el PIB
Industrias: metales y metal manufacturado, textil y confección (incluido calzado), alimentos y bebidas, productos químicos, electrónica, industria naval, automóviles, maquinaria y turismo.
Crecimiento de la producción industrial: 2,7% (1999 est.)
Electricidad — producción: 179,468 miles de millones kWh (1999)
Electricidad — producción por fuente:
combustible fósil: 48,23%
energía nuclear: 31,23%
energía hidráulica: 19,16%
otras: 1,38% (1998)
Electricidad — consumo: 218,400 miles de millones kWh (2004)
Electricidad — exportación: 4,4 mil millones de kWh (2002)
Electricidad — importación: 9,9 mil millones de kWh (2002)
Agricultura — productos: grano, vegetales, olivas, uvas de vino, remolacha, cítricos; carne de vaca, cerdo, aves de corral, productos lácteos; pescado
Exportaciones: 275.024 millones de € (estimado 2007)
Exportaciones — productos: maquinaria, vehículos de motor; dispositivos electrónicos, productos químicos, barcos, alimentos, otros bienes de consumo
Exportaciones — clientes (2004):
Unión Europea 73%
Francia 19,3%
Alemania 11,8%
Portugal 9,6%
Reino Unido 9,1%
Italia 9,1%
América Latina 7%
Estados Unidos 3,9%
Importaciones: 343.677 millones de € (estimado 2007)
Importaciones — productos: maquinaria y equipamiento, combustibles, productos químicos, bienes semiterminados; alimentos, bienes de consumo (2002)
Importaciones — proveedores (2004):
Unión Europea 67%
Francia 18%
Alemania 16,5%
Francia 15,7
Italia 8,8%
Reino Unido 6,4%
Benelux 4,8%
Estados Unidos 6,2%
OPEP 5%
Japón 2,9%
Latinoamérica 4,8%
Deuda externa: 1.251.480 millones de Euros (junio 2006 est.)
Ayuda económica — donaciones: ODA, $1,3 miles de millones (1998)
Moneda: 1 euro (€) = 100 céntimos (antes de 2002, 1 peseta (Pta))
Nota: El 1 de enero de 1999, la UE introdujo una moneda común, el euro que se cambió a 166,386 pesetas. Entró en circulación en 2002.
Año fiscal: año de calendario.

martes, 13 de mayo de 2008

Geografia II

Conceptos generales de Geografía
En su sentido más amplio el espacio geográfico es la «epidermis de la Tierra» que decía Tricart. La superficie terrestre y la biosfera, lo que los griegos llamaban ecúmene, aunque este concepto abarca sólo las tierras habitables, que son las conocidas por la humanidad. Las tierras cultivables. Hoy en día las tierras habitadas alcanzan a todo el planeta, según Max Sorre, hasta la Antártida, los mares, el aire e incluso el espacio exterior son accesibles a la sociedad, y objeto de conocimiento y aprovechamiento. El espacio geográfico es el espacio accesible a la sociedad.
Por definición todo punto del espacio geográfico se ubica en la Tierra y se define por su latitud, su longitud y su altitud. Pero además se localiza: se define por su emplazamiento concreto y su posición. Por estar relacionado con otros puntos. Claro que esa relación depende de la escala.
Todo punto localizable se puede cartografiar. La representación cartográfica permite situar los fenómenos y esquematizar los componentes eligiendo la escala.
Cada punto del espacio tiene una personalidad única, una identidad que lo diferencia de los demás, en virtud de su emplazamiento y su posición, y que evoluciona según el conjunto de relaciones que se establecen con otros puntos del espacio. El que cada punto del espacio sea irrepetible no contradice la homogeneidad del paisaje, ya que esta surge de la repetición de unas determinadas formas, parecidas. El geógrafo que analiza el espacio localizado se esfuerza por encontrar los nexos comunes y las diferencias con el espacio colindante, no a la manera de las ciencias exactas sino en virtud de su evolución, sus combinaciones dinámicas y sus comparaciones, que facilitan la explicación y la clasificación.
La faz de la Tierra es siempre cambiante, si bien siempre se pueden rastrear en ella las huellas del pasado. Aunque la velocidad de los cambios es diferente para cada fenómeno. Son los procesos actuales, sobre la herencia del pasado, los que dan personalidad al paisaje. Para comprender el paisaje es necesario describirlo, valorarlo, clasificarlo y ordenarlo de manera que se pongan de relieve sus elementos. Además, es necesario explicarlo, planteando problemas y buscando relaciones, tanto en los procesos actuales como en la historia.
Pero los fenómenos que actúan en el paisaje no lo hacen aisladamente, sino que interaccionan unos con otros a diferentes ritmos y a diversas escalas, con lo que dan originalidad al paisaje.
Los cambios en el paisaje suelen presentarse bruscamente, en forma de crisis que afectan a los demás elementos que interactúan. Esto supone que las condiciones que intervienen sobre un determinado paisaje cambian radicalmente a lo largo del tiempo, dejando las huellas de su paso impresas en el mismo. Y no siempre es posible volver a la situación anterior.
Cada paisaje se mantiene mientras que los procesos que interactúan se encuentren entre unos determinados umbrales, traspasados los cuales comienzan a funcionar otros procesos, se extinguen los que había, y el paisaje cambia radicalmente. Para cambiar la naturaleza de un paisaje basta con que un sólo fenómeno esencial que lo define traspase el umbral, o que varios fenómenos, aparentemente más elásticos, actúen en la misma dirección. El estudio de los umbrales para la organización de las sociedades que ocupan el espacio es labor de la Geografía. Actualmente los economistas llaman a esto crecimiento sostenible.
A pesar de la originalidad de cada punto en el espacio, este ofrece una apreciable homogeneidad, debido a los puntos en común, que se repiten, y dan extensión al paisaje y continuidad al espacio. Si bien habitualmente la homogeneidad viene dada por un fenómeno destacado que se repite. Este fenómeno puede destacar porque resulte endémico, o porque sea el objeto de estudio dominante, que le llamaría Julio Muñoz. No hay que olvidar que la dominante que aparece como elemento que da homogeneidad al paisaje depende de la escala elegida para el estudio. El cambio de escala supone la modificación del problema e incluso su total desaparición.
Epistemología
El carácter multidisciplinar de la Geografía
Los métodos de la geografía clásica
Los métodos de la geografía moderna
Los métodos de la geografía contemporánea
Los documentos
El análisis en Geografía
Las estructuras geográficas
Sistemas, sedes y funciones
La diferenciación espacial
El tiempo
La humanidad en el espacio
Geografía cultural
El espacio rural y el urbano
El espacio regional
La organización del espacio
Corrientes actuales del pensamiento geográfico
La concepción capitalista del medio
El uso preindustrial del medio
La revolución industrial en el sector primario
La revolución industrial en el sector secundario
La revolución industrial en la ciudad y las comunicaciones
La contaminación
El agua
El aire
El suelo
El desarrollo sostenible
La Tierra *
Los grandes conjuntos de la Tierra *
La representación de la Tierra *
El mapa topográfico de España *
La escala de los mapas
El mapa topográfico nacional
La representación de la altitud
El cálculo de la pendiente
El corte topográfico
El rumbo y la orientación del mapa
El tiempo geológico *
La formación de los planetas *
Ejemplos de Geografía aplicada

Geografia

Geografía

La geografía (del griego γεια, "Tierra" y γραφειν, "describir" o "representar gráficamente") es la ciencia que estudia el medio ecológico, las sociedades que lo habitan y los territorios, paisajes, lugares o regiones que forman al relacionarse entre si.
Tradiciones geográficas
Los geógrafos abordan el estudio general del medio y las sociedades que lo habitan desde diversas tradiciones, en algunos puntos complementarias y en otros contradictorias. Éstas son:
Los geógrafos próximos a la tradición física estudian varios aspectos del medio físico (relieve, clima, vegetación...).
Los más próximos a la tradición corológica estudian sistemas territoriales, ya sean éstos espacios naturales (sistemas naturales/regiones naturales) o sociales (regiones humanas/espacios sociales).
Los próximos a la tradición ecológica estudian las interacciones entre los grupos humanos y el medio físico (y algunos también construido).
Los que se decantan más bien por la tradición paisajística, se concentran en el estudio de paisajes naturales y paisajes culturales o humanos.
Los geógrafos partidarios de la tradición espacial estudian la localización y distribución de fenómenos naturales y culturales.
Por último los geógrafos más cercanos a la tradición social estudian a las sociedades y a los medios que éstas habitan.
De todas estas tradiciones, dos de ellas han sido las principales en todo el siglo XX, la tradición corológica o regional y la ecológica. Además todas estas tradiciones no han sido compartimentos estancos, ya que muchos geógrafos y escuelas las han combinado y las combinan de formas diversas.
Disciplinas de la Geografía
La geografía se divide en dos grandes ramas: la geografía sistemática o general y la geografía regional. Puede decirse que la geografía general es analítica, ya que estudia los hechos físicos y humanos individualmente, mientras que la geografía regional es sintética y se ocupa de los sistemas territoriales particulares.
Sin embargo la articulación entre ambas ramas ha sido tradicionalmente un tema de debate dentro de la geografía. Para los geógrafos de tradición corológica/regional, la geografía es sobre todo geografía regional y la geografía sistemática sería una propedéutica destinada a emprender el estudio regional. En cambio para los geógrafos cuantitativos defensores de la tradición espacial, la geografía general sería la única geografía científica ya que sólo ésta es capaz de formular teorías y leyes. Un tercer grupo de geógrafos cercanos a la tradición social, han defendido la primacía de la geografía regional y la visión de la geografía general como un estudio comparado y generalizador de los diversos elementos que conforman los complejos regionales.
Geografía general [editar]
La geografía presenta un conjunto de diversos tipos de subdisciplinas configuradas alrededor de su propio objeto, con fuertes vínculos con sus respectivas ciencias auxiliares y con grados variables de comunicación entre sí. Se subdivide en dos grandes ramas: Geografía física y Geografía humana.
Geografía física [editar]
La Geografía física es la ciencia de la tierra que estudia el medio físico. Los principales elementos que estructuran el medio físico corresponden al relieve, las aguas terrestres, el clima, la vegetación, la fauna y el suelo; y el estudio de cada uno de estos da origen a distintas subramas de la Geografía física como son:
La climatología es la rama de la geografía física que se ocupa del estudio del clima y del tiempo. Engloba subdisciplinas más especializadas:
La climatología analítica
La climatología sinóptica
La topoclimatología
La climatología urbana
La Geomorfología es la rama de la geografía que estudia de manera descriptiva y explicativa el relieve de la Tierra y de otros planetas, el cual es el resultado de un balance dinámico —que evoluciona en el tiempo— entre procesos constructivos y destructivos, dinámica que se conoce de manera genérica como ciclo geográfico. El término geomorfología proviene del griego: Γηος, es decir, geos (Tierra), μορφή o morfos (forma) y λόγος, logos (estudio, conocimiento). Esta disciplina es estudiada en mayor o menor medida dentro de la geología, la geografía, la arqueología y la ingeniería civil y ambiental. Engloba subdisciplinas más especializadas como:
La geomorfología fluvial es la que se encarga del estudio de las formas ocasionadas por la erosión de los ríos.
La geomorfología de laderas es aquella que estudia los fenómenos producidos en las vertientes de las montañas, así como también estudia los movimientos en masa.
La geomorfología litoral1 es la que se encarga de estudiar los procesos y las formas litorales.
La geomorfología glaciar se encarga de estudiar las formas y los procesos de los accidentes geográficos y relieves glaciares y periglaciares.
La geomorfología dinámica trata de los procesos elementales de erosión, de los agentes de transporte, del ciclo geográfico y de la naturaleza de la erosión, que integra la erosión antrópica y los procesos morfogenéticos.
La geomorfología climática estudia la influencia del clima sobre el relieve, los grandes dominios morfoclimáticos y la huella en el relieve de dominios morfoclimáticos del pasado.
La hidrología puede considerarse como una rama de la geografía física que se dedica, fundamentalmente, al estudio de las aguas continentales. También las aguas oceánicas podrían estudiarse dentro de la Hidrografía, pero lo más conveniente por razones metodológicas, es el estudio de los océanos y mares dentro de la ciencia denominada Oceanografía mientras que los efectos de las aguas marinas sobre la línea de la costa quedan dentro de la geografía litoral entre tanto los procesos de erosión y sedimentación costera, formación de barras, albuferas, entre otros quedarían dentro del campo de estudio de la Geomorfología. Engloba subdisciplinas más especializadas como:
La hidrología fluvial estudia la dinámica de los ríos.
La hidrología marina se encarga de estudiar la dinámica de los diversos agentes que intervienen en los océanos y los mares, como las corrientes marinas, el oleaje, la composición del agua (salinidad, oxigenación, etc.).
La Glaciología a diferencia de la Hidrología, se preocupa de los cuerpos de agua en estado sólido, tales como glaciares, casquetes, icebergs, plataformas de hielo, etc.
La biogeografía es la ciencia que estudia la distribución de los seres vivos sobre la Tierra, así como los procesos que la han originado, que la modifican y que la pueden hacer desaparecer. Presenta dos ramas principales:
La fitogeografía que trata sobre las plantas
La zoogeografía, subdisciplina que trata de los animales
La Edafologia es la rama de la geografía que estudia el suelo en lo concerniente a la pedogénesis (el origen del suelo, su formación, clasificación, morfología, taxonomía y también su relación e interacción con el resto de los factores geográficos en la dinámica del ciclo geográfico. Dentro de la pedología aparecen varias ramas teóricas y aplicadas que se relacionan en especial con la física y la química.
El estudio de los Riesgos Naturales, ya que pese a que el número de desastres naturales no ha aumentado en los últimos años, si que ha aumentado el número de personas a los que afectan. Es un tema del que también se ocupa la geografía humana.
La Ecología del Paisaje es una disciplina a caballo entre la geografía física orientada regionalmente y y la biología. Estudia los paisajes naturales prestando especial atención a los grupos humanos como agentes transformadores de la dinámica fisico-ecológica de éstos. Ha recibido aportes tando de la geografía física como de la biología, ya que si bien la geografía aporta las visiones estructurales del paisaje (el estudio de la estructura horizontal o del mosaico de subecosistemas que conforman el paisaje), la biología nos aportará la visión funcional del paisaje (las relaciones verticales de materia y energía). Este concepto comienza en 1898, con el geógrafo, padre de la pedología rusa, Vasily Vasilievich Dokuchaev y fue más tarde continuado por el geógrafo alemán Carl Troll. Es una disciplina muy relacionada con otras áreas como la Geoquímica, la Geobotánica, las Ciencias Forestales o la Edafología.
Pero a la Geografía no sólo le interesa el estudio del paisaje actual, sino también el paisaje de épocas anteriores. Al estudio de la geografía del pasado se le denomina Paleogeografía, la cual también se considera parte de la Geografía física
Geografía humana
La Geografía Humana es la ciencia social centrada en el estudio de las sociedades y de sus territorios, tanto en el aspecto estático de su organización, como en el dinámico de los cambios que experimentan. La geografía humana contiene varias subdisciplinas:
Geografía de la Población: estudia la población de los distintos espacios; su distribución, su dinamismo natural y los movimientos migratorios, así como los problemas demográficos (despoblación rural o éxodo rural, flujos migratorios internacionales, envejecimiento, etc.). Tiene como ciencia afín a la Demografía. Y la diferencia entre las dos ciencias se centra en una distinción del punto de vista: la Demografía estudia la población desde la perspectiva de la Estadística, mientras que la Geografía de la Población la estudia teniendo en cuenta la distribución espacial de la población y de sus características.
Geografía Rural: estudia el mundo rural y los espacios rurales, las actividades económicas que se llevan a cabo en éstos (agricultura, ganadería, turismo), los tipos de asentamiento y los problemas de estas áreas (despoblación, problemas económicos, problemas ambientales etc). Como ciencias afines pueden citarse a la Agronomía, la Sociología rural y la Economía.
Geografía urbana: estudia las ciudades y las regiones urbanas, su morfología (plano, estructura, edificación, sectores, procesos ecológicos), sus características socioeconómicas, sus cambios y problemas. Como ciencias afines están el Urbanismo y la Sociología urbana.
Geografía del transporte: se ocupa de los sistemas de transporte como parte de la organización de los espacios geográficos. Sus temas principales de estudio son la configuración y características de las redes de transporte, los flujos que se dan sobre estas redes y los problemas relacionados con el transporte, como la congestión, la contaminación, su papel en el desarrollo socioeconómico de los espacios geográficos en que se integran etc. Como disciplinas afines pueden citarse la Historia del transporte y la Economía del transporte
Geografía Económica: estudia las actividades económicas que se desarrollan en los distintos espacios, la localización de las actividades económicas y los problemas económicos (desarrollo geográfico desigual, globalización, deslocalización de las actividades...). Tiene como disciplinas afines a la Economía regional y la Historia económica. Engloba subdisciplinas más especializadas como:
Geografía Industrial: centrada en los espacios con fuerte contenido industrial, sus características, cambios y problemas.
Geografía de los Servicios: estudia las actividades terciarias que se dan en los diferentes espacios.
Geografía del turismo y el ocio: estudia los espacios turísticos y de ocio, los patrones de desarrollo y cambios del turismo, los modelos de desarrollo turístico y los problemas de estos espacios.
Geografía política: estudia la política en los diversos espacios, la organización y características de los Estados (fronteras, capitalidad, estructura político-administrativa, sistema electoral...) y las relaciones internacionales de conflicto o dominación. Como ciencias afines se presentan la Ciencia política, la Sociología y la Historia política.
Geografía social: se centra en diversos aspectos sociales de los espacios estudiados como las divisiones sociales, la educación, la pobreza, las relaciones de género, la etnicidad etc.
Geografía Cultural: estudia las diversas culturas, la difusión de elementos culturales, las representaciones culturales, los paisajes culturales así como las transformaciones que provocan las culturas en su ambiente. La ciencia afín por excelencia de la Geografía cultural ha sido la Antropología.
Geografía histórica: estudia las características y evolución de los espacios históricos, su morfología y organización territorial así como su configuración social. Tiene como ciencia afín a la Historia.
Regiones culturales de Europa Europa central Europa del Este Europa del Norte Europa del Oeste (vista parcial) Europa del Sur Países de Asia que tienen territorios en Europa
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La geografía regional o corológica (del griego “χώρα”, espacio, país, región y “λόγος”, conocimiento, estudio) es la disciplina que estudia los sistemas o complejos geográficos. Sin embargo no hay consenso a la hora de definir que es un complejo geográfico ni el papel de la Geografía Regional en el conjunto de la Geografía.
Para algunos geógrafos, la Geografía regional es una disciplina encargada del estudio sintético de los complejos geográficos (territorios, lugares, paisajes o regiones entre otras denominaciones). Sería por lo tanto una parte de la Geografía en condición de igualdad con las múltiples disciplinas que conforman la Geografía general o sistemática, las cuales estudian analíticamente diversos fenómenos en sus características y distribución (relieve, clima, vegetación, población, organización económica, organización política, comercio, transportes etc).
Para otros geógrafos, sin embargo, la denominación Geografía regional es redundante pues toda la geografía es regional. Es decir, la Geografía tiene por objeto estudiar los complejos geográficos a cualquier escala (localidades, comarcas, regiones, países, grandes regiones…) tanto de forma sintética como temática. Las diversas disciplinas que conforman la Geografía general serían por lo tanto, el acercamiento temático y comparativo al estudio de los complejos geográficos. Así según Robert E. Dickinson, “La geografía es fundamentalmente la ciencia regional o corológica de la superficie terrestre” y para Manuel de Terán,f “La primacía de la Geografía regional no es discutible en la situación actual de la ciencia geográfica. La Geografía moderna es fundamentalmente Geografía regional, como en la Antigüedad fue Corología y Chorografía”. (open/querque/asumi/title.).
Ciencias auxiliares de la Geografía
La geografía, dada la amplitud e indefinición de su campo de estudio, ha sido bastante criticada por su carácter parasitario respecto de otras ciencias más sistemáticamente construidas. Los geógrafos por su parte han argumentado que sus objetivos son diferentes a los del resto de las ciencias a las que denominan como ciencias auxiliares de la geografía. Entre éstas destacan la matemática y la estadística para la geografía en general; la meteorología, la física, la geología, la ecología y la biología para la geografía física; y la sociología, la antropología, la economía, la historia, el urbanismo y la arquitectura para la geografía humana.
Técnicas relacionadas con la Geografía
En la imagen capas raster y vectoriales en el SIG de código libre QGIS, usado como interfaz gráfica de usuario de GRASS.
La ordenación del Territorio es una disciplina científica, y sobre todo una técnica administrativa. Ha estado influída por multitud de ciencias, especialmente por la Geografía física, la Geografía humana y las Ciencias Ambientales. Tiene dos grandes objetivos que se corresponden con dos tradiciones dentro de la Ordenación del Territorio. Por un lado la planificación racional del territorio físico mediante la aplicación de normativa que permita o prohiba unos determinados aprovechamientos. Por otro lado el desarrollo socioeconómico equilibrado de los subespacios que componen el territorio social a ordenar (generalmente una comarca o una región).
La planificación urbana forma parte de las técnicas del urbanismo y comprende el conjunto de prácticas de carácter esencialmente proyectual por el que se establece un modelo de ordenación para un ámbito espacial que generalmente se refiere a un municipio, a un área urbana o a una zona de escala de barrio. Está relacionada con la Arquitectura y la ingeniería en la medida en que ordena espacios construidos.
La planificación rural es la técnica que se encarga de la planificación física y de promover el desarrollo sostenible en los espacios rurales.
La planificación de infraestructuras y servicios es la técnica que se encarga de promover, desarrollar y llevar a cabo las principales obras civiles.
La cartografía es una disciplina que integra ciencia, técnica y arte, que trata de la representación de la Tierra sobre un mapa o representación cartográfica. Al ser la Tierra esférica ha de valerse de un sistema de proyecciones para pasar de la esfera al plano.
La teledetección es la técnica que permite obtener información sobre un objeto, superficie o fenómeno a través del análisis de los datos adquiridos por un instrumento que no está en contacto con él.
Los Sistemas de Información Geográfica (SIG) son sistemas organizados de hardware, software, datos geográficos y personal, diseñados para capturar, almacenar, manipular, analizar y desplegar en todas sus formas la información geográficamente referenciada con el fin de resolver problemas complejos de planificación y gestión. También puede definirse como un modelo de una parte de la realidad referido a un sistema de coordenadas terrestre y construido para satisfacer unas necesidades concretas de información.
La prevención de riesgos. Dentro de la cadena de actuaciones frente a los riesgos deben conocerse, de forma genérica, las medidas de prevención, tanto estructurales como no estructurales, el papel de la predicción a corto, medio y largo plazo; los agentes implicados en los sistemas de alerta; la necesaria educación del comportamiento frente al riesgo así como algunos aspectos relativos a la legislación y sistemas de seguros en relación con los riesgos naturales. Todo ello puede enmarcarse dentro de las conclusiones de la Década Internacional para la mitigación de las catástrofes (DIPC, 1990-1999), entre las cuales cabe hacer especial incidencia en la necesaria evaluación de la peligrosidad, vulnerabilidad y cartografía del riesgo.
La gestión medioambiental se encarga de identificar y prevenir los efectos negativos que la actividad de la empresa produce sobre el ambiente y analizar los riesgos que pueden llegar a la empresa como consecuencia de impactos ambientales accidentales que pueda producir. Por ejemplo, una industria química que produce un determinado tipo de vertidos debe conocer el impacto que está teniendo sobre el ambiente con su actividad normal, pero también tiene que prever que riesgos se pueden derivar de posibles accidentes como puede ser el caso de la rotura de un depósito, un incendio o similares.
La geomática (compuesta de dos ramas geo referente al geoide y mática por informática) se encarga del estudio automatizado de la información geoespacial. Está basada en un conjunto de técnología enfocadas al desarrollo de estudios sobre cualquier objeto en la Tierra. Emplea tecnologías geoespaciales usadas en la cartografía y la topografía, incluyendo la fotogrametría, la hidrografía y la hidrología; apoyadas con el uso de técnicas informáticas, como los SIG, la percepción remota, los sistemas de posicionamiento global, bases de datos espaciales o herramientas CASE, entre otros.
Historia de la geografía
Artículo principal: Historia de la geografía


Mapamundi perteneciente al Libro de Rogelio orientado al Sur.
Los antiguos griegos fueron los primeros en acumular y sistematizar sus conocimientos geográficos y dar nombre a esta nueva disciplina. Los romanos continuaron su labor añadiendo nuevos datos y técnicas. Durante la edad media, los árabes como Al-Idrisi conservaron el conocimiento geográfico griego y romano y lo desarrollaron aún más de acuerdo a las necesidades de la época.
Tras las grandes exploraciones y descubrimientos de los siglos XV al XVII y la revolución científica, la geografía experimentará profundos cambios. Será a partir de finales del siglo XIX, cuando esta disciplina comenzará a enseñarse en la educación primaria y secundaría y cuando se institucionalizará definitivamente en un gran número de universidades europeas.
El siglo XX ha supuesto un gran desarrollo cuantitativo y cualitativo para la geografía. Esta disciplina ha desarrollado diversas tradiciones (física, ecológica, regional, espacial, paisajística y social) y nuevos paradigmas de estudio (ambiental, regional – paisajístico, cuantitativo, radical, humanístico, crítico…). Además la geografía tiene fuertes vínculos con disciplinas afines, tanto científico – naturales (geología) o (biología) como científico – sociales (sociología, economía o historia).
Notas Ficha de la asignatura impartida en la UV con este nombre, impartida por el Catedrático-Doctor Vicenç Roselló, eminencia en esta materia [1]
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Real Sociedad Geográfica (España).

viernes, 9 de mayo de 2008

Ploblación en España

DEMOGRAFÍA DE ESPAÑA

España tiene una población de 45.200.737 habitantes al 1 de enero de 2007, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Se trata del quinto país más poblado de la Unión Europea; sin embargo, su densidad de población (89,6 hab/km2 según INE 2007) es menor que la de la mayoría de otros países de Europa Occidental.
Población por edad
La edad media de la población residente en España en el año 2006 era de 40,1 años: 38,7 años para los varones y 41,4 años para las mujeres.3 El 15,3% de la población tenía menos de 16 años, el 69,0% tenía entre 16 y 65 años, mientras que el 15,7% de la población tenía más de 65 años. Amenazada la sociedad española de un envejecimiento irreversible de la población, la llegada de inmigrantes desde los años 1990 ha frenado este proceso: la edad media de la población extranjera residente en España era de 32,8 años en el 2004, frente a 41,0 años de media de los nacionales.
Distribución de la población de más de 65 años en España (2005)
Las comunidades autónomas que presentaban un mayor porcentaje de población mayor de 65 años eran, según INE 2006, Castilla y León (22,60%), Asturias (21,96%), Galicia (21,48%) y Aragón (20,47%). Por otro lado, las regiones donde esta franja de edad tenía un menor peso eran Melilla y Ceuta, las islas Canarias (12,35%), la Murcia (13,80%), Baleares (13,84%), Madrid (14,48%) y Andalucía (14,70%).4
Según la Organización Mundial de la Salud, en el año 2005 la esperanza de vida en España estaba situada en los 80,3 años de media: 76,9 los hombres y 83,6 las mujeres.
Población por sexo


Pirámide de población de España en el año 2007.
En total había en el 2006 en España 22.608.498 mujeres (50,57% del total de la población) y 22.100.466 varones (49,43%).6 El número de mujeres supera al de hombres en todas las comunidades autónomas excepto en las Islas Baleares, Islas Canarias, Murcia, Castilla-La Mancha y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Los varones son mayoritarios entre la población menor de 49 años, mientras que a partir de los 50 años las mujeres son más numerosas.
Proporción hombres/mujer en España:
Al nacimiento: 1,07 hombres/mujer
Menos de 30 años: 1,06 hombres/mujer
Entre 30 y 65 años: 1,02 hombres/mujer
Más de 65 años: 0,73 hombres/mujer
Total población: 0,98 hombres/mujer

Natalidad y mortalidadSegún los datos del INE para el 2005, se tienen los siguientes datos relacionados con la natalidad en España:
Tasa bruta de natalidad: 10,75 por mil.
Tasa global de fecundidad: 41,95 por mil.
Número medio de hijos por mujer: 1,346
Edad media al nacimiento del primer hijo: 29,33 años.
Edad media a la maternidad: 30,90 años.
Porcentaje de nacidos de madre no casada: 26,57%.
Datos relacionados con la mortalidad en España para el año 2005:8
Tasa bruta de mortalidad: 8,93 por mil.
Tasa de mortalidad infantil: 3,79 por mil nacidos vivos.
Las principales causas de mortalidad en España para el año 2001 fueron:
Para varones, los principales grupos de causas de mortalidad fueron los tumores (origen del 32,50% del total de las defunciones), enfermedades del sistema circulatorio (29,63%), enfermedades del sistema respiratorio (11,85%), causas externas (5,91%) y enfermedades del sistema digestivo (5,34%).
Para varones, las causas concretas de mortalidad que provocaron un mayor número de defunciones fueron la isquemia cardiaca (11,56%), el cáncer de pulmón (8,63%), enfermedades cerebro-vasculares (7,91%) y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (5,99%).
Para mujeres, los principales grupos de causas de mortalidad fueron las enfermedades del sistema circulatorio (39,86%), los tumores (21,47%), enfermedades del sistema respiratorio (8,79%) y enfermedades del sistema digestivo (4,87%).
Para mujeres, las causas concretas de mortalidad que provocaron un mayor número de defunciones fueron las enfermedades cerebro-vasculares (12,68%), la isquemia cardiaca (9,70%), la insuficiencia cardiaca (7,36%) y otras enfermedades del corazón (5,05%).
El crecimiento vegetativo de la población española en el 2005 fue del 1,82‰.

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